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EL AROMA DEL FUEGO 2


En su sueño, traspasó la verja y vio que el portón de madera de la entrada estaba entreabierto. Bastó un leve empujón para entrar de nuevo en el mundo de su infancia; un mundo que guardaba el aroma de la ropa recién planchada con olor a lavanda, de meriendas de pan y chocolate, de goma de borrar y lápices de colores; pero sobre todo el aroma de la leña que ardía en la estufa. Recordaba aquellas tardes de su infancia de una manera casi dolorosa, porque eran tiempos pasados que nunca volverían y en ocasiones temía que su memoria fuese demasiado frágil y perdiese hasta el recuerdo. La vieja estufa de la abuela la había acompañado desde que podía recordar; era como una parte más de si misma, un apéndice más de su cuerpo sin el que no se sentía completa.
Cuando regresaba del colegio, aterida de frío, con las rodillas raspadas y la mochila haciéndose más pesada por minutos sobre su espalda, era un alivio llegar a la cocina de la abuela y dejar caer con un golpe seco todos sus libros al suelo, a pesar de la mirada de reprobación de la anciana. Después de lavarse las manos a regañadientes llegaba la hora de sentarse ante la gastada mesa de pino, con muescas y huellas de tantos años, de tantas meriendas, de tantos cuentos y confidencias...Unas veces eran pan con chocolate; otras leche caliente con un bollo recién horneado y oliendo a canela, y en otras ocasiones las galletas en forma de árbol, de estrella o de media luna, hechas de almendra y con aroma de limón y vainilla. Pero siempre el sempiterno fuego que crepitaba y le calentaba la espalda cuando se sentaba a merendar y a terminar sus deberes mientras su abuela planchaba. ¡Cómo le gustaba ver la manera casi mágica en que doblaba las sábanas y repasaba con cuidado el embozo bordado para que quedase perfecto, mientras rociaba la tela con agua de lavanda.

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JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
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Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.