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HIJOS DE LA BRUMA 4

Bien, en cualquier caso, estaba decidida a que nada me amargase el fin de semana. Esta noche trabajaría en la corrección hasta tarde, y mañana me levantaría cuando me diese la gana. Tal vez iría a comer con Alicia y el domingo lo dedicaría a las tareas atrasadas de la casa, que eran muchas, y a leer un par de libros que me esperaban en mi mesilla de noche desde hacía muchos días. Era un plan ciertamente aburrido y normal, es decir, lo normal en mi existencia, aburrida y normal también. Yo no era de esas personas aventureras a las que siempre les pasan cosas interesantes. Lo más peligroso que había hecho en las últimas semanas era caerme en la acera de mi casa después de una enorme nevada. Salvo el trasero dolorido y una enorme humillación cuando me levantaron dos de mis alumnos que en ese momento pasaban por allí, no sufrí más daños.
Estaba visto que incluso un plan tan simple como darme una ducha, envolverme en mi vieja bata de franela y cenar un bocadillo mientras corregía los trabajos, no era tan sencillo. Apenas puse los pies en el rellano de mi escalera, supe que algo andaba muy mal; porque yo vivía sola y mi puerta estaba entreabierta. Cualquier persona normal se hubiese detenido, pero yo entré en tromba sin pararme a pensar si la persona que había forzado la cerradura estaba todavía dentro. Me enfrenté como pude al desastre reinante: cajones abiertos, todo el contenido desparramado, el suelo atiborrado con todas mis cosas, varias sillas volcadas. De repente sentí una respiración a mi espalda y me volví sobresaltada para encontrarme con el nuevo profesor de Latín, Alonso. Suspiré con alivio y le sonreí como una tonta. Supongo que pensaría que estaba tratando con una loca o con una estúpida, pero de todos modos no lo dio a demostrar.

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JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.