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LAS CANICAS AZULES 3º parte


Se daba cuenta de que no quería dejarle marchar todavía, y por eso buscaba una señal que le permitiese tener con su hijo un último acto de amor: dejarle ir. Pero, ¿Cómo podía hacerlo si no tenía la seguridad de que iba a estar bien? Pensaba que de alguna manera podría aprender a vivir con su dolor si sabía que el alma de su hijo estaba en un sitio distinto de este nicho de piedra y cemento.
Cuando el día clareaba entre las copas de los árboles que se mecían a la entrada del cementerio, abrió la madre los ojos. Lamentaba haberse quedado dormida, porque había venido a velar el alma de su hijo, y al final el cansancio la había vencido. Pero por otra parte se encontraba extrañamente aliviada, porque por primera vez no había tenido pesadillas ni había oído los lamentos de una cruel enfermedad, sino que había soñado que su hijo venía a verla tal y como le gustaba recordarle: alto y fuerte, risueño, animoso, y le decía que la quería, que estaba bien, y que ya debía marcharse, que le esperaban lejos.
Lástima que fuese solo un sueño. Se levantó trastabillando de cansancio, con los huesos entumecidos por la noche pasada al relente. Y fue entonces cuando se dio cuenta de que tenía en la mano dos canicas azules, apretadas en el puño. Las mismas que había metido en el bolsillo de su hijo cuando ella misma le amortajó. Aquellas canicas le habían acompañado siempre en su infancia, en sus juegos, y ella quiso que le acompañasen también en su último viaje. Quizá, solo quizá, aquello no había sido un sueño.
Emprendió el camino a casa con el corazón más ligero y por un momento pensó que tal vez fuese capaz de seguir adelante.

Comentarios

  1. Aunque el tema es muy triste; sin duda lo peor que le puede pasar a alguien, perder un hijo; quise darle un cierto toque de esperanza y de consuelo, porque los que se han ido no lo han hecho para siempre; están, siguen estando, pero en la habitación de al lado, simplemente.

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ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

PIEZAS ROTAS

Como las piezas rotas de
un juguete desechado,
como las alas arrancadas
de un pájaro enjaulado,
como trozos de hueso
que estaban desencajados,
así, amor,tú yo
nos hemos juntado.

Y de dos realidades
dolidas y amargas
poco a poco y
en silencio,
mezclando risas y lágrimas,
estamos creando un
muevo mundo,
un lugar en donde
ocupe el sitio
principal la Esperanza.

Y a veces daremos pasos
de ciego,
caminaremos en falso,
nos dolerá la espalda
de cargar con un
equipaje que no es
nuestro, que alguien
nos ha ido prestando,
casi de soslayo
y sin dar la cara.

Pero si tus manos me sujetan,
podré, amor, subir la montaña,
llegar sonriente a la meta
y vaciar mi mirada en la tuya,
mientras mis dedos recorren
tu cara.

Y tu risa será mi trofeo,
tus abrazos los que apaguen la
sed de mi garganta,
tu pecho mi refugio,
y tus ojos mi mar
por fin en calma.

UN MAÑANA

Han huido en silencio
las palabras.

Se ha secado de repente
mi garganta,
todo me huye, como si
con mis manos hubiese
levantado un puente
de plata que me abre
otro camino, que de todo
lo viejo me separa.

Un camino que me aleja
poco a poco de un dolor
inútil del que ya
no va quedando
más que un rescoldo,
ese que nunca se apaga.

No sé qué decir,
mejor será no
decir nada.

Se ha congelado mi
voz, solo puedo
quemar antiguas esperanzas
y tejer un nuevo
manto que abrigue
mi Mañana.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


POESÍA

Miro la vena azul
de mi muñeca,
azul de cielo, de vida.
de sangre roja que
se hace azul mediante
no sé qué maravilla.

Me toco la garganta,
me late a rienda suelta
la vida.

El sol me acaricia
la cara, una nube de algodón
hace que sonría.

Me traspasa la piel
el aullido del lobo,
poco a poco se me
abre una herida
que no duele,
una herida que
te ata a mi nombre,
que me acaricia.

Y mis dedos se deslizan
en este papel, quizá
solo buscan
una salida.
o tal vez, por
breves horas,
ha regresado
la Poesía.