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Mostrando entradas de enero, 2012

CARTAS AL DUENDE

En invierno, sobre todo cuando el frío nos muerde las carnes en esas noches claras y estrelladas, a veces me cuesta conciliar el sueño. Estoy hecha de invierno y de frío, y de viento y de bruma, pero todavía no me he acostumbrado a soportarlo y sueño con edredones de plumas que me cobijen de esas sensaciones heladas que me paralizan la sangre y me hielan el corazón. Y entonces, al no poder dormir, a menudo me pongo a recordar y dejo volar mi imaginación a través del tiempo. En ocasiones me voy al futuro y pienso lo que será Mañana, en donde estaremos, cómo seremos entonces y qué sentimientos y sensaciones poblarán nuestras vidas. Pero como el futuro suele darme miedo y de todos modos pienso que no es algo que yo pueda controlar, intento desecharlo de mi mente igual que en las tardes de estío en que el calor pegajoso atrae a las moscas, las espantamos de un manotazo para que no se posen encima de nuestra piel brillante por el sudor.
Entonces es cuando recuerdo el pasado, y más en es…

LAS PASIONES PELIGROSAS

Ya no era una jovencita cuando le conocí; y aunque hubo algunas personas, sobre todo una buena amiga, que me previno de que estaba entrando en un terreno demasiado peligroso y que probablemente me haría cambiar radicalmente mi manera de ver la vida...no fui capaz de seguir sus consejos. Mi cabeza me decía que eran palabras acertadas y que quizá me estuviese equivocando y jugando con fuego al iniciar esta relación fatal que iba contra todo lo que me habían enseñado; pero mi corazón galopaba cada vez más de prisa cuando le veía y hacía que se me nublase la vista, que me temblasen las piernas y que todo me diese igual.
Pero a pesar de todo, quizá porque mi parte racional estaba muy presente en aquel momento en mi vida, seguí resistiéndome a que llegase a formar parte de mi; y aunque me muriese de ganas de tenerle cerca, me contentaba con mirarle a veces en la distancia, sonreír cuando le veía un poco más cerca y soñar con él cuando me acostaba cada noche. M…

LOS HIJOS, EL MAL QUE NO CESA

Creo que era Serrat el que decía en una canción que a veces los hijos se nos parecen. Y si, es verdad. Mi hija es rubia y tiene los ojos azules, como yo; aunque infinitamente más bonitos. Y las manos de mi hijo y sus cejas son como las mías y como las de mi padre.
Cuando nacen son una fuente de dicha y a la vez de preocupación. Son tan pequeños y tan débiles, tan dependientes, que las madres nos dormimos cada noche con el radar puesto y un leve movimiento en la cuna nos despierta. Cuando consiguen sacarse el chupete por primera vez o descubren que tienen manos, nos sentimos tan orgullosos que se lo contamos hasta a quien no le importa lo más mínimo. ¿Y cuando dan el primer paso? Ese andar vacilante de pato mareado, con los brazos despegados del cuerpo para mantener el equilibrio hace que les veamos como los seres más inteligentes de la creación. Y nada que decir de sus primeras palabras y sus frases trabucadas.
El día que les dejamos por primera vez en …

A MI PADRE

Dentro de dos días será el santo de mi padre y tengo que felicitarle de esta manera, porque está desde hace once años en la habitación de al lado y no tengo todavía la llave para entrar.
Por eso he decidido escribirle esta especie de carta, homenaje o no se como llamarle; pero en todo caso es una muestra de amor y agradecimiento por haberme criado, por haberme educado y sobre todo por los valores que me transmitió.
Me enseñó desde muy pequeña a amar la Naturaleza. Cuando apenas sabía caminar me tomaba de la mano y me decía “ven, vamos a dar un paseo por el bosque”. La verdad es que de su mano duraba poco, siempre acababa cargando conmigo en brazos o “a caballito”. Me enseñó los nombres de los árboles, de las flores, de los animales; me contaba cuentos de perros, lobos y caballos y también de una especie de hada que vivía en una cueva, en las fragas en donde él creció. Me enseñó a querer las ruinas de un viejo convento al que vuelvo cuando necesito recargar pilas.
Pero sobre tod…