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Mostrando entradas de mayo, 2012

Próximamente..

Os daremos una pequeña sorpresa, que esperamos que os guste.




EL SÍNDROME DE LAS GAFAS DE SOL

En el mundo hay muchas enfermedades raras; demasiadas a las que la ciencia y la Medicina, con todos sus avances y sus buenos profesionales no saben de qué manera atajar. Dicen que viviremos ciento veinte años en un futuro bastante próximo. Yo espero sinceramente no entrar en ese cupo; debe ser aburrido estar tanto tiempo en este mundo imperfecto, oyendo siempre las mismas desgracias, las mismas noticias, viendo que pocas cambian y las que lo hacen suele ser para empeorar.
De entre todos los síndromes habidos y por haber hay uno que me toca especialmente la fibra sensible que todos, incluso yo, tenemos. No es una enfermedad mortal de necesidad, ni mucho menos. Uno puede padecerla toda la vida y llegar hasta los ochenta o casi hasta los cien años. En ocasiones parece que ya se ha curado, pero por desgracia es un mal de raíces largas y cuando se agarra a una víctima lo hace a conciencia y casi nunca la deja. No duele, al menos de manera física; puedes padecerla toda la vida y no nece…

DESPEDIDA 2

La llamada, como siempre, duró poco, y no precisamente por decisión mía, sino que mi voz parecía quemarle la oreja y a mi me dolía tanto su voz distante que no deseaba prolongar la agonía. La primera hora de viaje fue monótona y aburrida, con la lluvia golpeteando el cristal de mi ventana y el autobús deslizándose por la carretera mojada. A lo lejos divisaba las montanas, las casas dispersas y alejadas las unas de las otras, y de vez en cuando algún pueblo que se escondía entre la bruma. Había mucho tráfico a aquella hora temprana, gente que iba a sus obligaciones, a ganarse la vida, a reunirse con algún ser querido…gente que vivía, en suma. Era bastante más de lo que yo hacía.
El hombre que se había sentado a mi lado era callado y silencioso. Me había saludado al entrar en el autobús y cuando se bajó en la primera ciudad en la que nos detuvimos me dijo adiós de manera cortés. En contrapartida, en la parte trasera iba sentado un hombre de negocios que no dejó un m…

DIARIO DE UNA GATA 3

Me he olvidado de contar que mi ama me encontró un domingo de invierno hecha un ovillo en una cuneta húmeda y fría, y de allí me recogió y me llevó a casa. Quizá por eso me llama Sunday, aunque con el tiempo, no sé por qué, me ha acortado el nombre y me llama Sandy. A mi me da igual como me llame; cuando lo hace aparezco o no, según me convenga. Ella ya lo sabe, y por eso no se suele molestar cuando yo me escondo. Hemos aprendido a tener paciencia la una con la otra.
Yo me doy cuenta perfectamente de cuando ella se encuentra mal, de cuando está triste y de cómo consolarla. Aunque me ha prohibido muchas veces que duerma en su cama, y tengo en la alfombra de su cuarto un confortable y cálido cesto, cuando está disgustada, trepo a su lado, me acurruco en su almohada y le paso la pata suavemente por el pelo. Se que le gusta mucho, aunque, por guardar las apariencias proteste algo.
Como premio, al día siguiente me encuentro con algún delicado manjar a la ho…

DIARIO DE UNA GATA 2

En el tiempo que llevo con mi ama he aprendido mucho sobre el mundo de los humanos. Para empezar, son muy extraños en su comportamiento diario; se pasan horas y horas hablando por un aparato que se colocan en la oreja y en el caso de Marta, mi ama, tiene la manía de caminar por toda la casa mientras habla. Al principio la seguía, pensando que si tanto afán tenía en caminar debía de ser porque algo importante la esperaba al final. Pero tras un par de sesiones perdiendo el tiempo tras ella, me di cuenta de que no iba a ninguna parte en especial, tan solo se movía, y los paseos eran mas largos y enérgicos dependiendo del grado de enfado que tuviese mientras hablaba. Cuando la conversación era con el padre de los cachorros, más que caminar, se movía desenfrenada de un lugar a otro, como si tuviese la tiña y quisiese escapar de ella. Cuando hablaba con alguna de sus asquerosas amigas que suelen venir aquí a tomar eso que llaman café y me vuelven loca con sus risitas agudas, el caminar se …