Ir al contenido principal

DESPEDIDA 2



La llamada, como siempre, duró poco, y no precisamente por decisión mía, sino que mi voz parecía quemarle la oreja y a mi me dolía tanto su voz distante que no deseaba prolongar la agonía. La primera hora de viaje fue monótona y aburrida, con la lluvia golpeteando el cristal de mi ventana y el autobús deslizándose por la carretera mojada. A lo lejos divisaba las montanas, las casas dispersas y alejadas las unas de las otras, y de vez en cuando algún pueblo que se escondía entre la bruma. Había mucho tráfico a aquella hora temprana, gente que iba a sus obligaciones, a ganarse la vida, a reunirse con algún ser querido…gente que vivía, en suma. Era bastante más de lo que yo hacía.
El hombre que se había sentado a mi lado era callado y silencioso. Me había saludado al entrar en el autobús y cuando se bajó en la primera ciudad en la que nos detuvimos me dijo adiós de manera cortés. En contrapartida, en la parte trasera iba sentado un hombre de negocios que no dejó un momento de llamar por teléfono. Aún sin querer me enteré de todos sus negocios y de que viajaba al aeropuerto más cercano para tomar un avión que le llevaría a Roma, donde tenía audiencia con el Santo Padre. No se si pensaba impresionar a todos los pasajeros con esta información; el hecho es que a mi me dejó indiferente.
Saqué de mi bolso el libro electrónico e intenté leer un poco. Me costaba mucho concentrarme, pero la lectura siempre había sido una de mis fuentes de evasión y me había ayudado a salir de muchos momentos difíciles de mi vida. Confiaba en que ahora me siguiese ayudando. Estaba empezando a leer un ensayo sobre Victoria de Inglaterra cuando se sentó a mi lado un chico joven. Ni me fijé en él, excepto para corresponder a su saludo educado. Sacó su ordenador y lo abrió; pero a los pocos minutos sentí su mirada fija en mí. Era esa sensación entre molesta y curiosa de tener a alguien pendiente de nuestros movimientos. No sabía qué hacer, así que opté por fingir que no me había dado cuenta. Pero me habló.
-Perdona-me dijo, tuteándome, aunque me imaginé que tenía edad suficiente para ser su madre. ¿Eso es un libro electrónico?
-Si-le respondí, un tanto extrañada. Le miré por primera vez a los ojos. Eran verdes, brillantes y orlados de espesas pestañas. Era muy joven, le calculé menos de veinticinco años; con el pelo rubio oscuro y rizado, y una barba poblada. Me había fijado cuando se sentó mi lado de que era alto y con aspecto de deportista.
Pero nada de eso me llamaba la atención, solo sus ojos. No podía apartar los míos de su mirada. Eran los ojos de mi hijo muerto, de aquel hijo que había perdido y que era un enorme vacío en mi corazón; un vacío que nunca se llenaría.

Comentarios

  1. WTF? ese es mi ojo D: que hace acá?

    ResponderEliminar
  2. Yo quiero saber de quien son esos ojos? Es que ese ojo.lo conosco

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.