16 de septiembre de 2012

La Real Orden de las Perdularias 2

Ahora que lo recuerdo, no he dicho que me llamo Guiomar. Mi madre me puso ese nombre nefando que ha dado lugar a muchas bromas porque es una romántica empedernida y le encantó de siempre Machado. Yo intento llevarlo con la mayor dignidad posible, pero a veces me desespera algo tener que dar explicaciones sobre mi nombre. Bien es verdad que como una de las hermanas perdularias se llama Sara Patricia…pues lo mío ha dejado de ser tan llamativo. Sara Patricia es hija de padres españoles aunque ella ha nacido en Argentina y lleva a gala su doble nombre, y exige que se la llame por los dos. Otra de las hermanas se llama Leocadia pero de común acuerdo y por miedo a su mal genio, todas la llamamos Leo. Y hacemos bien, porque aunque es una mujer encantadora, ha practicado kárate desde hace diez años, los mismos que lleva separada de su marido. Este sujeto solía pegarle enormes palizas casi a diario y ella las soportaba con estoicismo, hasta que un día le partió una ceja y un labio justo delante del espejo del vestíbulo. Y supongo que ver el reflejo de su propia sangre corriendo por su rostro le dio las fuerzas necesarias para partirle un paragüero de madera en la cabeza. Ese fue el detonante de la separación y también de que Leo volviese a retomar las riendas de su vida y se marchase de casa llevando consigo a sus hijos. Ahora no soporta que nadie le tosa y a la menor provocación saca las uñas y más que eso, impone las manos, aunque no para curar sino para partir ladrillos con un golpe seco si hace falta.
Reconozco que aunque yo soy la que peor genio tengo, también soy la menos peligrosa; sobre todo por mi poca prestancia física. Intento, de todos modos, suplirlo con una lengua muy ligera y sobre todo una mala idea digna de mejor provecho. En ocasiones mi ira desenfrenada se dirige a alguna de mis hermanas, pero ellas saben perdonarme. La pelea más sonada que recuerdo fue con Leticia, una de las perdularias que primero entró en la Orden. No sería capaz ahora mismo de concretar la causa exacta de nuestro enfado aunque si sé que fue por alguna cuestión de organización; es decir, de desorganización, que es algo que yo odio a muerte. Estuvimos dos meses sin dirigirnos la palabra y nos lanzábamos indirectas en las reuniones y mensajes a través de las otras hermanas. Hasta que ellas se cansaron y Leo nos amenazó a ambas con partirnos una silla en la cabeza para hacernos entrar en razón. Ante la contundencia de su amenaza no nos quedó otro remedio que hacer las paces; a regañadientes, eso si.


2 comentarios:

  1. Beth, me alegro de ver también aquí a las perdularias, asi siempre podré releer los capítulos.
    Besos.

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  2. Aquí no los voy a poner todos Asun, porque sería muy pesado, pero si unos cuantos para que la gente sepa un poco de qué va. Me he dado cuenta de que estoy hecha una cursi y aquí solo pongo poesía...y almibarada. Un día de estos el médico me dirá que tengo alto el azúcar. Besos

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