7 de octubre de 2012

DIARIO DE UNA GATA 4



Desde hace unos días mi ama está triste y no sé como consolarla. Ya no vale que le pase la pata por el pelo ni que me acurruque en su cama cuando finge dormir y le ronronee al oído. Parece que el cachorro mayor, el macho, está enfermo, y Marta no duerme por las noches; se las pasa dando vueltas en la cama, hasta que ya de madrugada se levanta, se pone esas zapatillas zarrapastrosas que tanto asco me dan y camina por toda la casa como un alma en pena. Yo entonces no sé qué hacer, me pongo nerviosa y me da por lavarme la cara compulsivamente. He descubierto una manera de que las dos consigamos calmarnos un poco. Cuando ya al alba Marta está agotada de llorar y dar vueltas por todas las habitaciones, cuando ya se ha agotado de pura desesperación, se sienta en la mecedora de castaño con el cojín bordado que está en la cocina y me deja que me suba a su regazo. Con la voz ronca de tanto llorar me habla despacio a la par que me acaricia el lomo. Me cuenta cosas de cuando los cachorros eran pequeños, de sus travesuras y de como ella entonces era feliz, porque le parecía, pobre ilusa, que podía protegerles y todo estaba bajo control. Y así, poco a poco, ella y yo nos vamos calmando y conseguimos dormir al menos unas horas.

2 comentarios:

  1. Algo tan hermoso sólo lo puede escribir quien conoce bien a los gatos

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  2. Muchas gracias y bienvenido. Si, algo les conozco, aunque solo sea de oídas y la verdad es que no hay nada tan consolador como el ronroneo de un gato. Para mi en concreto, que me cuesta dormir, son un buen somnífero. Abrazos, seas quien seas; es un placer que te haya gustado

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