29 de octubre de 2012

EL ÚLTIMO DÍA DE MI VIDA




Por motivos que no vienen al caso se me ha venido a la mente que haría si fuese el último día de mi vida. Pregunta difícil.
Lo único que sé es que no me lo pasaría llorando. Aprovecharía para darle un abrazo muy hondo y muy de verdad a las personas que forman parte de mi familia: mis dos hijos, mi madre, mi abuela. La lista es ya, por desgracia, muy corta. Les dejaría una carta a cada uno de ellos diciéndoles lo que habían sido en mi vida.
Les haría saber a unos cuantos amigos lo agradecida que me siento por todo lo que me han dado. No sé cuánto tiempo emplearía en eso; pero si que todo el restante, que intentaría que fuese el máximo posible, lo pasaría al lado de la persona más importante de mi vida; la persona que he elegido, que me ha elegido a mi o a quien he sido destinada; no lo sé. Pero si sé que me quedaría a su lado y esperaría con calma y paz el último momento.
Alguien dijo una vez que lo importante no es la primera persona a quien has dado un beso de amor, sino la última. Y eso quisiera, darle mi último beso y marcharme en paz. No sé si es mucho o poco pedir, pero eso es lo que yo haría.
Bueno, también me comería un buen bocadillo de jamón serrano, me bebería un vasito de Albariño (ya sé que va mejor el Ribera del Duero, pero me achispa mucho) y de postre, un yogur de vainilla. Y me daría un buen baño de espuma con música de mi gusto. Y adios a este mundo cruel y traidor.


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