16 de octubre de 2012

LOS FRACASOS





La vida se compone de pequeños fracasos encadenados, que se van uniendo en una especie de rosario cuyas cuentas nos hablan de todos los errores que hemos cometido.
Para quienes tenemos la mala costumbre, quizá heredada de la moral católica, de hacer examen de conciencia, este volver atrás es una especie de terapia regresiva que no sé hasta que punto es aconsejable.
Tantas veces he oído que se aprende de los errores que he llegado a creerlo, aunque solo en parte. No creo que se aprenda demasiado; tal vez solo nos acostumbramos a que somos propensos a equivocarnos una y otra vez, y cada una de estas equivocaciones aumenta en una cuenta el rosario de fracasos con que adornamos eso que llaman vida.
Sin embargo, ¿qué sería de nosotros sin la falibilidad? Nada es más odioso que la perfección, nada más digno de todos los odios posibles. Pienso que me asustaría profundamente pensar que nunca me he equivocado, que nunca he fracasado. Sólo quien conoce el sufrimiento, el dolor, el sentido profundo del fracaso, puede apreciar las cosas buenas cuando llegan; y si no llegan, puede disfrutar simplemente con soñar, eso que todavía es gratis y que muchas veces por miedo no nos permitimos.
¿Qué seria del arte sin los fracasados, los doloridos, los olvidados? Los más hermosos poemas son los que proceden del dolor. Las canciones que nunca olvidamos son las que nos cuentan historias de fracaso y desesperación. Algo tendra el agua cuando la bendicen, así que benditos sean todos los fracasados. No sé si conocerán el Reino de los Cielos, pero al menos sabrán reconocer el dolor ajeno. Y eso, es un don.




2 comentarios:

  1. Qué bella, profunda y sencilla, a la vez reflexión y qué gran verdad ¡Qué muera la perfección! A por mi siguiente fracaso y a seguir viviendo... gracias, Mabel. Un abrazo de fracasado (¡cuánto nos deben los exitosos, siempre perfectos mediocres!)

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  2. A mi no me importa reconocer cada uno de mis fracasos, Gustavo, y ya van unos cuantos. No diré que me hayan hecho mejor,pero me han enseñado algo importante: a no juzgar a los demás. Un abrazo

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