14 de noviembre de 2012

VICTORIA EUGENIA, EL DESPRECIO



No voy a contar la vida de Victoria Eugenia; creo que a grandes rasgos la mayoría la conocemos. Ni tampoco quiero contar que haya sido la mujer más desgraciada del mundo, porque al fin y al cabo, las penas con pan son menos, y a ella el pan y hasta el lujo, nunca le faltaron.
Pero era mujer, además de reina, y en ninguna de las dos facetas fue feliz. Como reina, no entendió a los españoles ni ellos aprendieron a quererla a ella. La consideraban demasiado fría, demasiado inglesa; y ni siquiera entendian su belleza hieratica y altiva. Y como mujer, menos feliz fue todavía; ni siquiera como madre. No acierto a pensar en peor sufrimiento que ver morir a dos hijos en plena juventud, después de convivir toda una vida con una grave enfermedad crónica, además de que su segundo hijo, Jaime, que nació completamente normal, se quedó sordo a los tres años por una infección.
Pero quizá su mayor dolor fue haberse casado enamorada y ver cómo su marido no solo le era infiel; al fin y al cabo la infidelidad va en los genes Borbones, sino que la culpaba de haber traído la hemofilia y la desgracia a la familia, y sus desprecios y desdenes no tenían límite.
Hace poco más de un mes estuve en El Escorial y bajé al panteón real. Confieso que toqué el lugar en donde está enterrada la reina, pero pensé en ella como una mujer piensa en otra mujer que ha sufrido. Y rogué porque al fin hubiese encontrado el descanso.

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