6 de diciembre de 2012

DIARIO DE UNA GATA 6





Pero no todo ha estado mal en la temporada que pasamos en la casa de esa horrible mujer. Cuando estamos en nuestra casa no encuentro la manera de salir a la calle; aunque la verdad es que tampoco lo he intentado con la suficiente persistencia. Un día pretendí ir más allá de la verja del jardín y Marta se disgustó tanto que al final me dio pena y decidí que no se merecía que le diese esos disgustos. Total, tampoco hallé nada interesante, más que ruidos ensordecedores y un olor muy desagradable. Además, ya he dicho que Marta y yo estamos muy bien en nuestra casa, al menos cuando no están los cachorros ni su padre. Y de las amigas...prefiero no hablar. Pero ellas al menos no se quedan a dormir, tan solo están unas horas y luego se van.
Esto era muy diferente. Estaba obligada a soportar los gritos permanentes de esa horrible señora, que tenía la desfachatez de empujarme con la escoba y echarme del sofá. A mi...que en casa duermo en la cama de Marta, arrebujada contra ella para darle calor. En venganza, entré en el baño cuando cuando ella estaba en la bañera y aprovechando que había dejado una bata colgada de la percha; enganché mis uñas, tiré y tiré...hasta que la tuve en el suelo. Y entonces, me tomé cumplida venganza: me revolqué y le dejé encima todos los pelos que pude y más. Me hice un peeling con su bata. Ala, por cafre y desconsiderada.
Esa misma mañana decidí salir a dar un paseo. Lo único bueno de esta casa es que no está en la ciudad. Los pueblos huelen mejor. Y ya lo bueno llegó cuando me encontré con un gato blanco y negro que al parecer vive al lado de la casa de esa abuela funesta que es la madre de mi ama. Me miró cuando me paseaba por delante de él con mi porte de princesa egipcia. Pero yo decidí castigarle con el látigo de mi indiferencia. Es lo mejor con los machos. Y conseguí que siguiese mis pasos como un loco durante dos días. Luego...me dio pena, y además de eso yo estaba también en unos días complicados y necesitaba ciertas cosas que solo un macho bien plantado podía darme.
Cuando volví a casa estaba mucho más tranquila y pensé que el disgusto de Marta y el enfado de su madre habían merecido la pena. Los humanos están bien, pero para ciertas cosas son mejores los de misma especie.

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