9 de diciembre de 2012

EL ARTE DE SABER DECIR QUE NO



Cada cosa, cada trabajo que nos toca hacer en esta vida se puede hacer de dos maneras: bien o mal. A mi me gusta hacer las cosas, cuando puedo, bien. Y ya hay algunas personas que hacen lo suyo, sea lo que sea, de una manera tan perfecta que se convierte en un arte.
Para mi desgracia, yo no he nacido artista. No hay nada que domine hasta ese punto. Si ahora me preguntasen que arte querría dominar...no piensen ustedes que diría la pintura, la música, la escultura...ni siquiera el arte de escribir. No, es mucho más sencillo que todo eso. A mi me gustaría dominar el arte de saber decir que no y quedarme tan fresca.
Es muy complicado en mi estructura mental, que cada vez estoy más segura de que anda algo desestructurada, saber decir que no y luego no tener tales remordimientos que me hacen sentir miserable, mala persona y candidata a las peores cosas que me puedan pasar como justo castigo a mi egoísmo. De hecho, en mi vida he dicho que no muy pocas veces. No si es la educación que he recibido o que tengo cierta tendencia al masoquismo en su grado más agudo, pero el caso es que no importa lo que yo tenga que dejar de hacer o a lo que tenga que renunciar; el caso es no defraudar a los demás, que la gente a mi alrededor se encuentre bien y contenta, encantados de haberse conocido. ¿ Y yo? Bueno, ya llegará mi momento, no seamos egoistas ni impacientes, porque lo primero siempre tienen que ser los demás.
Y un cuerno. No sé si el mundo se acaba este mes; casi mejor que si, me librará Dios de muchos trabajos. Pero por si las moscas he decidido que a partir de ahora me entrenaré a diaro para hacer lo que me de la real gana A MI y pensar menos en lo que esperan los demás. Que se compren una silla, o mejor un diván, que estarán más cómodos y a algunos hasta les servirá para hacer terapia. Que vive Dios que a unos cuantos que conozco buena falta que les hace.
Ha renacido en mi la egoísta que siempre he llevado dentro. Y me alegro

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