5 de diciembre de 2012

EL SÍNDROME DE REBECA





No puedo recordar las veces que he visto la película, quizá tantas como he leído el libro. Es curioso, Rebeca no aparece pero siempre está presente y la conocemos a través de su eterna presencia fantasmal en la mansión de Winter. Y sin embargo, la pobrecilla y desaliñada recién desposada...no sabemos ni su nombre. No se menciona nunca, tan sólo es Mrs. De Winter, e incluso el imponente Maxim la trata la mayor parte de las veces como a una pobre niña tonta.
Lo bueno de la amistad entre mujeres es que nos hacemos muchas confidencias; no sé si los hombres lo hacen también, pero pienso que no. Son demasiado orgullosos para eso y todo lo adornan; eso de me como una y cuento veinte, como en el parchís. Pero bueno, no he venido yo aquí a estas horas intempestivas para hablar mal de ellos, pobrecillos...si en el fondo me gustan. El caso, que me disperso mucho, es que una amiga me ha dicho una frase lapidaria: "lo peor de ser la segunda mujer en la vida de un tío (lo transcribo tal cual; es que ella es pelín ordinaria) es que siempre te está comparando con la primera y si tienes la mala suerte de irte a su casa, lo más probable es que te haga dormir en su cama y usar su vajilla.
Y a mi me ha llenado de congoja el asunto y me ha parecido muy cutre. Hombre de Dios, compre usted al menos una cama nueva a la muchacha y muestre un poco más de delicadeza. Pero ya lo peor considero que es hasta cuando la suegra se lanza a ensalzar a la primera de las nueras. Vamos...para hacerse el seppuku en directo.
Hermanas mías, lo mejor será buscarse a muchachos jóvenes, de esos que no hayan tenido experiencias, o pocas. Pero claro eso nos lleva a un problema...tendremos que arriesgarnos a terminar encarceladas por perversión de menores, tal y como está el patio.
Ave María Purísima, que mundo más cruel y traidor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario