14 de diciembre de 2012

PAPÁ





Hoy se cumplen doce años de la muerte de mi padre, precisamente a esta hora,más o menos, en que empiezo a escribir. Fue la primera vez que vi morir a alguien. La muerte...cuando somos muy jóvenes no pensamos en ella; la vemos lejana, como algo que a nosotros no puede afectarnos. Luego, a medida quer nos vamos dejando a gente querida en el camino, también vamos tomando conciencia de que es algo inevitable y que forma parte de la vida, como el haz y el envés de una hoja.
No sé si alguna vez tuve miedo de la muerte, creo que no porque era algo que no me planteaba demasiado. Después de presenciar la de mi padre, que se fue en mis brazos, no hay miedo posible. Es el punto final, algo que llega a veces cuando tiene que llegar y otras veces sin llamar a la puerta; pero es solo un paso más.
No contemplo la muerte como final; porque nadie se va del todo mientras algún ser querido le recuerde. Digo siempre que las personas amadas solo se trasladan al cuarto de al lado; un cuarto sin llave en donde no podemos entrar, pero si que podemos oírles a veces, y hablar con ellos.
Yo escucho a mi padre, le pido consejo a menudo y se que está conmigo. El amor es un lazo tan fuerte, tan poderoso, que no se puede romper por una simple separación temporal.Mientras yo viva y le recuerde, él no estará muerto. Y le recuerdo cada día desde hace exactamente doce años.


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