1 de febrero de 2013

MÉNAGES Á TROIS I




Dicen algunos entendidos que el matrimonio es tan duro que hacen falta tres para sobrellevarlo. Y es que ya se sabe, las penas compartidas, son menos penas. Tríos o triángulos amorosos en la Historia ha habido muchos, como no podía ser de otra manera. Pero hoy quiero hablar de un caso que me resulta familiar, no porque yoo haya sido contemporánea suya, sino porque una de las partes ha sido objeto de mi curiosidad desde los diez años.
Hablo del matrimonio entre los emperadores de Austria, Francisco José e Isabel de Baviera, más conocida como Sissi. El fue el eterno esposo enamorado y ella una pobre neurótica y adelantada a su tiempo, que se casó por imposición y nunca fue feliz. No amó a su esposo, pero le quiso tiernamente y siempre le fue fiel, al menos en el sentido estricto de la palabra. Quizá esa fidelidad no tiene mucho mérito porque muchos narcisistas y además mujer, Sissi era en el fondo un ser asexual. Su idea del amor era solo platónico y lo cubrió primero con el conde Gyula Andrássy, el húngaro primero rebelde y luego artífice de la unión de las dos coronas, y luego con el inglés Bay Middleton, gran jinete que la acompañaba en sus paseos a caballo. En la última etapa de su vida, cuando ya era una mujer de más de cincuenta años, que en aquel momento eran muchos años, fue capaz de enamorar a su profesor de griego, Constantin Christomanos, que por edad podría ser más que su hijo.
Como todas las personas que quieren pero no aman a la persona que tienen al lado, Sissi no era celosa. Harta de los requirimientos de su marido, que firmaba sus cartas como "Tu pobre maridito", lo cual puesto en boca del hombre que con mano de hierro dirigía uno de los imperios más fuertes del momento, da idea de cuan sometido estaba emocionalmente; decidió que lo mejor era buscarle una amante. Y él se lo puso e bandeja. La siempre observadora Sissi se dio cuenta de que su esposo babeaba literalmente cada vez que iban al teatro y aparecía en escena la actriz Katarina Stracht, así que ni corta ni perezosa la mandó llamar y bajo la protección de ser amiga de la emperatriz, cada tarde iba a palacio. Entraba por la puerta principal, tomaban el te los tres juntos y luego la emperatriz se retiraba discretamente y dejaba solos a los amantes. Le llamaban entre ellos "la amiga".
Sissi empezó a estar ligeramente harta cuando la tercera en discordia empezó a imitarla e incluso le escribió algunos poemas satíricos. Aunque no amen, las esposas nunca están exentas de maldad. Pero no tenía motivos para atacar a la pobre mujer. Como siempre ocurre, la legítima, a pesar de todos los pesares, siempre lleva las de ganar, y la pobre Katarina no pasó de ser una vulgar sustituta y un entretenimiento. Fracisco José nunca se recuperó de la muerte del amor de su vida.

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