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PERSONAJES: GUSTAVO MORANTE, EL NOVIO DE LA MUERTE




He decidido escribie sobre una serie de personajes de la literatura, algunos principales, otros secundarios, pero que de alguna manera me han llamado la atención.
Y ahora le toca el turno a uno de los personajes del libro de Isabel Allende, "De amor y de sombra".No es de los principales personajes de la novela, ni mucho menos; y de hecho se le nombra poco y como de pasada.
Una breve síntesis de la historia: Irene es una joven chilena de buena familia, de esas de derechas de toda la vida y que ha sido de alguna manera beneficiada por el golpe de estado de Pinochet. Trabaja como periodista y está prometida a un militar también de estupenda familia, Gustavo Morante. Se espera de ellos que se casen y tengan muchos hijos. Francisco es un chico de familia humilde, republicanos españoles que se refugiaron en Chile tras perder la guerra civil. Su padre, profesor de universidad, odia a Franco y a Pinochet por igual. Francisco es fotógrafo en el periódico donde Irene escribe y a menudo les toca trabajar juntos. Y pasa lo inevitable; el Novio de la muerte, como Francisco llama de manera burlona al militar, está lejos y ellos se enamoran. Y en medio de ese amor, la autora nos hace asomar al oscuro mundo de las fosas comunes y los asesinatos de inocentes a manos de los milicos, como les llaman en tono peyorativo.
Gustavo Morante, a pesar de su educación de derechas y de su carrera de militar, es capaz de mirar por encima del hombro y cuando su novia y el amante de ésta le dan las pruebas necesarias de lo que sus compañeros de armas han hecho, decide tomar cartas en el asunto de la única manera que puede hacerlo. Por ello, convence a varios compañeros e intentan una rebelión que acaba como era de esperar: el novio de la muerte acaba desposando a la Dama de la Guadaña.
En la novela no llegamos a tener una idea demasiado clara de como es Gustavo, porque es un personaje tangencial, de esos que aparecen de manera puntual tan solo. Pero si nos damos cuenta de que es generoso, valiente, y sobre todo, no se deja cegar por las órdenes de sus superiores, se atreve a discutirlas y hacer lo que cree que es correcto.
Aunque de manera estricta el apodo de novio de la muerte no le corresponde, porque es propio tan solo de legionarios, y él no lo es, vaya esta canción para Gustavo Morante.


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UN MAÑANA

Han huido en silencio
las palabras.

Se ha secado de repente
mi garganta,
todo me huye, como si
con mis manos hubiese
levantado un puente
de plata que me abre
otro camino, que de todo
lo viejo me separa.

Un camino que me aleja
poco a poco de un dolor
inútil del que ya
no va quedando
más que un rescoldo,
ese que nunca se apaga.

No sé qué decir,
mejor será no
decir nada.

Se ha congelado mi
voz, solo puedo
quemar antiguas esperanzas
y tejer un nuevo
manto que abrigue
mi Mañana.

PIEZAS ROTAS

Como las piezas rotas de
un juguete desechado,
como las alas arrancadas
de un pájaro enjaulado,
como trozos de hueso
que estaban desencajados,
así, amor,tú yo
nos hemos juntado.

Y de dos realidades
dolidas y amargas
poco a poco y
en silencio,
mezclando risas y lágrimas,
estamos creando un
muevo mundo,
un lugar en donde
ocupe el sitio
principal la Esperanza.

Y a veces daremos pasos
de ciego,
caminaremos en falso,
nos dolerá la espalda
de cargar con un
equipaje que no es
nuestro, que alguien
nos ha ido prestando,
casi de soslayo
y sin dar la cara.

Pero si tus manos me sujetan,
podré, amor, subir la montaña,
llegar sonriente a la meta
y vaciar mi mirada en la tuya,
mientras mis dedos recorren
tu cara.

Y tu risa será mi trofeo,
tus abrazos los que apaguen la
sed de mi garganta,
tu pecho mi refugio,
y tus ojos mi mar
por fin en calma.

AMOR EN ZAPATILLAS

Quiero un amor
en zapatillas, un amor
de mañanas mojadas,,
de sonrisas azules,
de violetas envueltas
a veces en lágrimas.

Un amor que no
lleve prisas,
que no me dé la
razón para tenerme
callada,
quiero un amor
que esté a mi
lado aunque la
mañana me encuentre
despeinada.

Un amor que no
juzgue mis palabras,
a veces vanas, que
ame mis olvidos como
se quiere una noche
estrellada.

Un amor que se ría
de mis torpes
incongruencias, y me
las rebata; un amor
que sepa leer mi
mente cuando no puedo
más que estar
callada.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.