15 de julio de 2013

DE VUELTA 10


No le contestó de inmediato. Siguió fumando parsimoniosamente y mirando con ojos entornados a través de la ventana de la cocina. Amanda trató de no decirle lo que estaba pensando; que era un tremendo maleducado y que la tenía harta con tanta prepotencia profesional; y pensaba que también personal. Ambas cosas solían ir unidas. Cuando estaba a punto ya de desesperar, él giró la cara y la miró a los ojos con cierto aire burlón.
-Como las habitaciones que no tienen baño son bastante grandes no habrá problema en sacrificar algo de espacio y hacer un baño; tendrá que ser común a las dos; puede ir colocado en medio.
-¿Un baño para los dos cuartos?
-Sí, no veo donde está el problema-adujo él mirándolo como si fuese lerda. Ya se estaba arrepintiendo de haber ido a verla. Él estaba acostumbrado a trabajar por libre, para clientes que se le confiaban plenamente y esta finolis tenía la mala costumbre de pensar por sí misma, al parecer.
-Yo había esperado que cada cuarto tuviese su baño independiente-siguió diciendo ella, con sus maneras suaves pero a la par con una enorme tozudez
-Bueno, pues no podrá ser-le contestó, de una manera algo brutal. Y en cuanto a lo de preparar el desván como cuarto para usted, no me parece buena idea.
-¿Ah no? ¿Y se puede saber por qué?-le preguntó elevando algo la voz. Detestaba discutir, pero este hombre conseguía sacarla de quicio.
-Pues porque sería posible sacar de ahí dos buenas habitaciones con baño incluido.
-Ya. Y entonces yo me quedo a vivir en la calle
Sin pedir permiso se sirvió otra taza de café y encendió un nuevo cigarrillo, al que dio un par de caladas como si le fuese la vida en ello.
-Si gusta…allá usted. Pero no creo que sea necesario. Una de las bodegas puede servir como apartamento privado. Hay metros suficientes para hacer un cuarto independiente, cocina, baño y sala de estar. Pienso que estaría más cómoda de esa manera que viviendo en lo alto de la casa, como una paloma mensajera.
La comparación le hizo gracia y estuvo a punto de reírse, pero no quiso darle ese gusto; ni tampoco decirle que la idea le agradaba. Que se cociese un poco en su propia salsa ese bastardo presumido.
-Lo pensaré-prometió, recogiendo la mesa, como para darle a entender que la visita se había terminado.
Pero él no se dio por aludido e incluso se atrevió a encender un tercer cigarrillo. Aquello ya era ir demasiado lejos. Amanda observó con desagrado como, lejos de levantarse, se quedaba repanchingado en la silla de cocina y apoyaba un codo en el alfeizar de la ventana, como dando a entender que la visita acabaría cuando él lo considerase oportuno.
-¿Tiene coche?-preguntó
Ella se quedó desconcertada, sosteniendo con la mano en alto el azucarero que iba a guardar en el armario.
-¿A qué viene esa pregunta?
-Para saber si necesitará garaje-le contestó él encogiéndose de hombros. Detrás de la casa se habrá fijado ya que hay un cobertizo donde antes se guardaban los aperos que le podrá servir. Lo único necesario sería hacer un portón más grande y colocarle un automatismo
-¿Para qué?
Puso los ojos en blanco. Aquella chica era guapa pero sus neuronas no funcionaban demasiado bien.
-Pues para que pueda meter dentro un coche, por ejemplo. Y para que pueda abrir con un mando a distancia. Ahora que si prefiere levantarse y salir del coche cada vez que tenga que abrir la puerta…allá usted.






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