29 de julio de 2013

DE VUELTA 16


Después de haberle parado los pies de esta manera, los dos se quedaron tan sorprendidos; ella de haber sido capaz y él de descubrir que después de todo la gatita tenía uñas afiladas, que apenas pronunciaron más que las palabras precisas para ponerse de acuerdo sobre la distribución del desván.
A las cuatro en punto de la tarde, tal y como habían quedado, Miguel acudió a recoger a su posible clienta y Amanda descubrió con agrado que en modo alguno era tan brusco como su amigo el arquitecto. Más bien se trataba de un joven amable, de modales suaves y ojos cálidos que la llevó hasta el concesionario y se ocupó en cada momento de que se sintiese cómoda. Ella le confesó sin tapujos que no sabía nada de coches y que confiaba en él para que la aconsejase. Miguel le presentó cuatro posibilidades y finalmente ella se decidió por un coche pequeño y fácil de manejar. Hacía mucho tiempo que no conducía y no quería complicaciones. Miguel le prometió que al día siguiente él mismo en persona le llevaría el coche hasta su casa después de resuelto el papeleo necesario. Pero Amanda le pidió que lo retrasase dos días para que le diese tiempo a ir a la ciudad a ver a Inma y recoger en su ático más ropa. Llegó a la casa de la colina cuando ya había anochecido, satisfecha de que por fin las cosas estuviesen empezando a resolverse. Estaba muy cansada y sólo pensar en ponerse a cocinar para ella sola la hacía sentirse peor todavía. Suspiró pensando que esta era una de las esclavitudes de vivir lejos de la ciudad. Si estuviese allí ahora mismo pediría comida preparada a los cientos de lugares dispuestos a traérsela a su casa. Aquí debía contentarse con hacerse unos huevos revueltos y unas tostadas.
A poca distancia de allí Javier también cenaba solo, aunque su cena era bastante más contundente. Había estado trabajando hasta muy tarde en su despacho y al llegar a casa había dudado si llamar por teléfono a Carla, una chica del pueblo vecino con la que tenía una relación que ninguno de los dos sabía muy bien cómo calificar. Desde luego no eran novios, y la palabra amante tampoco se ajustaba demasiado a la realidad, dado que los dos eran libres y no había nada que tuviesen que esconder en su relación. Y de todos modos, pensó mientras sacaba el pescado del horno y lo pasaba al plato, si amantes son los que se aman, Carla no era su amante. Él no la amaba, aunque sospechaba que después de tres meses de acostarse juntos dos o tres veces por semana, ella si empezaba a sentir algo por él o al menos a mostrarse algo posesiva. La última vez que vino a verle Javier sintió que el estómago le ardía como si tuviese una úlcera cuando se dio cuenta de que con toda la premeditación del mundo había dejado un pijama y unas zapatillas allí. Para que no se hiciese ideas extrañas al día siguiente la había llamado por teléfono para aclararle que debía recoger ambas cosas. Ella no había dicho nada pero Javier la conocía y la notó molesta. Por eso ahora le daba cierto reparo llamarla; no deseaba enfrentarse a una mujer despechada pero menos todavía soportar una escena de reproches y enfados. Tal vez sería mejor que no se viesen en un tiempo; para él no representaba ningún sacrificio; tan solo que debería desplazarse a la ciudad más cercana en busca de alguna otra chica con buena disposición para hacerle pasar unos cuantos ratos agradables. No se sentía mal por actuar de esa manera. No creía en los compromisos ni en disfrazar de amor lo que era una simple necesidad sexual. Solo los tontos y los hipócritas hacían algo tan burdo como engañar hablando de sentimientos que no existían. Él siempre era totalmente sincero, aunque a la otra persona le doliese. Pensaba que esa la actitud honrada y correcta. No podía hablar de algo en lo que no creía; y a sus cuarenta y cuatro años, Javier Valdés no pensaba que existiese eso que daban en llamar amor.

2 comentarios:

  1. Me has dejado curiosa, tengo que ponerme bien al dia siempre un honor leerte.
    Un abrazo cariñoso querida amiga.

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  2. Queridisima Karla; sabes que aunque estemos sin hablar un tiempo siempre te recuerdo con el mayor de los cariños. Tienes un sitio en mi corazón. Un beso enorme

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