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Mostrando entradas de septiembre, 2013

HISTORIAS DE UN AUTOBUS 3

Pero me temo que esas heridas eran demasiado profundas y difíciles de curar. Cuando yo me encuentro mal me llevan al taller y en pocas horas me dejan como nueva, o casi, porque es verdad que los años no pasan en balde. Pero ya he aprendido a base de escuchar hablar a los humanos, que sus heridas son más complicadas de curar; sobre todo las que no se ven.
Me centré en el caso de esta muchacha de ojos hermosos pero tristes y entendí que la señora de más edad era su madre y que ambas volvían de una clínica donde la hija había terminado con un embarazo que nadie deseaba, salvo ella. Por eso su enorme tristeza y el enfado y reproche de la madre. Me cuesta a veces ponerme en la piel de estos pobres humanos. Yo no sé lo que es ser madre, y por eso no puedo entender del todo su dolor. Pero en mis años de trato con los de su especie si he aprendido a distinguir eso, el dolor y la pena profunda que lacera eso que ellos llaman alma, y que a mí se me an…

HISTORIAS DE UN AUTOBUS 2

Como no soy humana me cuesta entender el mecanismo del llanto. Tengo la suerte de que siempre estoy del mismo humor; aunque en las mañanas de invierno, cuando el memo que se encarga de mí, mal rayo parta su malas entrañas, no me guarda en el garaje, me cuesta algo arrancar. La helada de la madrugada no es buena para mi corazón, ya algo cansado de tantos kilómetros y tantas vivencias, y antes de ponerme en marcha tengo que dar unas toses renqueantes. Pero ahí se acaban todos mis padecimientos. Yo no sufro por amores imposibles ni me preocupo por tener comida en la mesa o por llegar a fin de mes. Por la buena cuenta que les trae hay quien se encarga de llenarme religiosamente el depósito cada dos días y una vez a la semana me lavan y enceran. Si fuese humana, Dios no lo permita, podría decirse que sería feliz.
Por eso me quedo algo desconcertada cuando en mis viajes asisto a estas escenas tan melodramáticas y llenas de silencios enojados y reproches que no llegan a manifestarse del …

HISTORIAS DE UN AUTOBUS

El mundo de los niños es tremendamente sencillo y quizá por eso a los adultos nos parece a veces difícil de entender. Hay un niño especial que cuando era más pequeño quería ser ambulancia. Y yo he estado pensando y ahora que ya no soy una niña…he decidido que me gustaría ser un autobús. Pero no un autobús cualquiera; yo quiero ser un autobús de dos pisos pintado de rojo, o en su defecto de naranja brillante, para que todos me vean llegar desde la distancia. Quiero que en los faros me pinten unas enormes pestañas, porque desde luego no pasaré por la humillación de ser un autobús macho; no, seré hembra; no podría ser otra cosa. Y delante llevaré unos hermosos labios perfectamente delineados. Y siempre estaré reluciente y en perfecto estado de revista. Quiero que mis asientos sean de piel blanca y suave, para que la gente se sienta cómoda al sentarse y puedan hacer el viaje relajados.
Es gratificante llevar a los humanos de un lado a otro. Me entero de muchas cosas aunq…

EL ARTE DE LA MADUREZ

Cuando se llega a cierta edad es normal que todos echemos la vista atrás y comparemos la vida y experiencias que teníamos antes y las de ahora. No les voy a ocultar que era mucho más agradable ver en el espejo una cara limpia de arrugas y no tener que cerrar los ojos ante la inevitable fuerza de la gravedad que hace que las carnes se caigan más allá de lo que es decente contar. A los veinte años tampoco existía el dolor de huesos ni teníamos que usar gafas para leer el periódico.
Pero, ¿qué quieren que les diga? No me cambiaría yo por una buena moza de veinte años. Porque hay cosas que mejoran con la edad; una de ellas es el divino arte de la paciencia, que sólo se aprende a cultivar con los años. Otra es el respeto por los demás y sus ideas. A los veinte años estamos tan contentos de nuestras ocurrencias que no solo las contamos sin que nadie nos pregunte sino que pretendemos que los demás las compartan. A los cincuenta nos contentamos con seguir teniendo ideas.
Ahora bien, si m…