22 de septiembre de 2013

HISTORIAS DE UN AUTOBUS 2



Como no soy humana me cuesta entender el mecanismo del llanto. Tengo la suerte de que siempre estoy del mismo humor; aunque en las mañanas de invierno, cuando el memo que se encarga de mí, mal rayo parta su malas entrañas, no me guarda en el garaje, me cuesta algo arrancar. La helada de la madrugada no es buena para mi corazón, ya algo cansado de tantos kilómetros y tantas vivencias, y antes de ponerme en marcha tengo que dar unas toses renqueantes. Pero ahí se acaban todos mis padecimientos. Yo no sufro por amores imposibles ni me preocupo por tener comida en la mesa o por llegar a fin de mes. Por la buena cuenta que les trae hay quien se encarga de llenarme religiosamente el depósito cada dos días y una vez a la semana me lavan y enceran. Si fuese humana, Dios no lo permita, podría decirse que sería feliz.
Por eso me quedo algo desconcertada cuando en mis viajes asisto a estas escenas tan melodramáticas y llenas de silencios enojados y reproches que no llegan a manifestarse del todo, sino que se quedan ahí enquistados como la suciedad se pega a los faros y luego no me deja ver claramente la carretera.
Otra cosa que me molesta es cuando hay varias tragedias que se desarrollan a la vez; porque no sé a cuál debo prestar más atención. Ya he aprendido, con mucho trabajo, que hay que priorizar; y de entrada dedico a cada caso unos minutos iniciales y luego, según la importancia y gravedad del tema, me decanto por uno o por otro. Esa mañana me interesó el caso de la muchacha rubia con gabardina verde. Y dejando de lado a todos los demás me centré en ella. Traté de replegar la piel de mis asientos para que la sintiese como un suave y mullido almohadón que le ayudase a curarse de sus heridas

4 comentarios:

  1. Pues yo si lloro mucho...

    Un abrazo, besos.

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  2. Es que nosotras, quizá por desgracia, no somos autobuses. Yo también lloro...a mares.

    Besos y gracias por estar

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  3. :( que tristeza... aunque peor es no poder llorar, como el autobús.

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  4. Mucho peor. El llanto limpia el alma de telarañas. Un beso y gracias por tu presencia

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