22 de enero de 2014

COSAS DE MADRES



Hay momentos muy duros en la vida de una madre. Y contra lo que todo el mundo pudiera pensar, parir no es uno de ellos. Es algo doloroso, sí, pero perfectamente soportable, y sobre todo que dura un tiempo determinado. Lo que viene después….eso ya es para toda la vida y mucho peor, donde va a parar.
La primera etapa es la mejor. Cierto que hay que levantarse de noche para alimentar a esa cosita llorona y babeante; pero cuando se sabe todo lo que viene después…esa etapa se ve empañada por un cristal rosa de pura felicidad.
La primera prueba de fuego llega con la adolescencia. A los chicos les suele dar por encerrarse horas en el baño, aunque…milagro; a lavarse no creo que sea, porque desarrollan un olor a choto revenío digno de encomio. Además…es que se ponen muy feos. Entre los granos purulentos y ese bozo incipiente y asqueroso que les empieza a salir, amén de la mirada siniestra que suele acompañarles entre los trece y los diecisiete años…la verdad es que una se pregunta si no le habrán dado el cambiazo en el hospital y no estará criando al hijo de Charles Manson.
Con las niñas casi que es peor. Ellas no suelen desprender mal olor; pero se apegan de tal manera al teléfono que parece que les ha salido un apéndice en la oreja, o en los dedos. Yo jamás he visto tal facilidad para manejarse con las teclas. En medio minuto han escrito el Pentateuco a la vez que meriendan, hacen los deberes y se pintan las uñas.
Eso sí, a las adolescentes les dan unos ataques de soberbia qué ni les cuento. Nunca tienen nada en el armario qué ponerse, a pesar de que las puertas no cierran ya de tanta cosa que hay dentro; no saben qué hacer con su pelo y como se las deje una tarde libre con una amiga…ya se pueden ir preparando porque les aparecerá la nena con los pelos pintados de color rosa chicle, o rojo rabioso, o azul…Una chifladura, vamos.
Luego, entre los veinticinco y los treinta, desarrollan una peligrosa personalidad “perdonavidas” que a mí me hace pensar que Herodes no era tan mala persona como nos han hecho creer. En este tema las hijas son peores. Les da por pensar que su madre ya está tan decrépita que hay cosas que ellas tienen que manejar so pena de que el mundo se hunda. Todavía recuerdo una tarde en que le robé una falda a mi hija pero Dios, en castigo a mis malas artes, hizo que me la tuviese que quitar rápidamente. Me molestaba mucho la cremallera. Claro…es que como ella se encargó de recochinearme, la cremallera no iba detrás, sino delante….Eso causó muchas risas, burlas y frases del tipo “Mamá ya está perdiendo la chaveta”. ¿Qué culpa tendré yo de que la gente haga las cosas al revés? De toda la vida de Dios las cremalleras de las faldas han ido detrás o a los lados.
En mi caso particular, no sé en el de otras madres, si tuviese una máquina del tiempo metería dentro a mis dos hijos y les volvería a los seis meses. Sin dudarlo. Pero como no es posible, he decidido hacer una novena a San Judas Tadeo, patrón de los imposibles, para que interceda y que el Señor me dé la paciencia necesaria para sobrellevar esta cruz o en caso contrario me recoja pronto en su seno.

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