13 de enero de 2014

CUENTOS INFANTILES



A pesar de los años transcurridos no he olvidado los cuentos que me contaban cuando era pequeña. Los mejores eran los de mi padre, porque se los inventaba y estaban poblados de bosques, árboles y animales. Los de mi madre y mi abuela eran los mismos de siempre; los clásicos cuentos infantiles. Quizá por eso todavía me persigue el recuerdo.
Vamos a ser serio. ¿Hay alguien con dos dedos de frente que pueda pensar que esos cuentos son adecuados para niños o para cualquier mente medianamente pensante? Analizaré dos o tres, como muestra, pero igual podrían ser treinta.
• La ratita presumida. En todos mis años, que son casi medio siglo, nunca he visto mayor despropósito y ya, si ustedes me apuran, más depravaciones juntas. ¿Alguien me puede explicar a qué mente enferma se le puede ocurrir casar a una ratita con un burro, un perro, un gato…? Menos mal que no pasó por allí un elefante, y menos mal también que la ratita además de presumida era lista y no aceptó…Igual es que tuvo en cuenta tamaños y esos ligeros detalles…
• Caperucita Roja. La yaya está malita y a esa tarada de madre no se le ocurre mejor cosa que mandar a una tierna niñita por un bosque en el que campa por sus respetos un Lobo Feroz. Así…con un par. Y el Lobo, que además de feroz creo que también es adepto al travestismo…se merienda a la abuela y se viste con sus ropas. Caperucita, que debe ser tonta, sorda y corta de vista, no se da cuenta de que no es su abuelita la que está en la cama…Jamás he visto cosa igual y para mi tengo que si lo analiza un psicólogo descubrirá muchas cosas cuando menos raras en este cuento; a la par que preocupantes.
• Blancanieves. La madrasta, en la línea de la mayoría de las de su gremio, se dedica a hacerle la vida imposible a la pobre muchacha y mientras tanto el padre debe de estar haciendo muchas horas extras o cazando elefantes, que para eso es rey, porque no se entera de nada. Pero ya lo mejor es la casa de los siete enanitos, que no me digan ustedes que no suena a cuento subido de tono: una jovencita inocente conviviendo con siete rapaces, sean enanitos o gigantes…suena raro. Y ya para acabar de arreglarlo la malvada madrasta le ofrece la manzana bien coloradita, como a Eva. Manzana que oportunamente suelta la jovenzuela al primer tropezón del caballo del príncipe. Lo que han cambiado las cosas, ahora los príncipes van en deportivos o yates, las niñas cada día dejan más pronto de ser inocentes, las madrastras proliferan como setas en el campo y si te envenenas, a menos que te hagan un lavado de estómago la llevas clara.
Nada, que cuando tenga nietos he decidido que lo de los cuentos…los que yo me invente. Total…no creo que pueda imaginar más tropelías.

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