9 de febrero de 2014

DE REENCARNACIONES VARIAS


No sé ustedes, pero yo creo en la reencarnación. Eso sí, de las normalitas. Nunca he pensado que en vidas anteriores haya sido Napoleón, o Nefertiti, o Cleopatra…Igual fui escarabajo o salamandra. No importa. El caso es que yo hasta hace poco, pensando en mi futura reencarnación pedía ser de nuevo mujer. Reencarnarme en hombre me parecía una especie de castigo; ya pueden imaginarse ustedes que monotonía no poder maquillarse, ni ponerse zapatos de tacón, ni achacar los malos humores cotidianos a que se tiene la regla. Que he visto yo algunas avispadas que menstrúan cuarenta días al mes…
Pero desde hace un par de días y por motivos que no vienen al caso, he cambiado de idea. Porque rectificar es de sabios, y de espabilados. Y ya lo de ser tío me parece algo más apetecible. Me he dado cuenta de que ellos son mejores amigos que nosotras; más fieles y más leales. Que se enfadan, se pegan dos leches bien dadas y al poco rato, aliviado el nivel de testosterona, las aguas vuelven a su cauce. Nosotras, ladinas donde las haya, cuando nos enfadamos con una amiga somos capaces de disimularlo y a la menor ocasión le clavamos un puñal por la espalda, revolvemos en la herida relamiéndonos los labios de gusto a la par que le decimos: “ay, Cuchi, te encuentro más mona que nunca. Claro, al engordar la piel se pone mucho más tersa, donde va a parar”.
No hay más que ver cómo se saluda cada cual. Los hombres cuando se encuentran por la calle a un amigo, si es amigo de verdad, de los de toda la vida, se pegan unas palmadas en el hombro y en la espalda descomunales, de esas que te hacen darte de bruces con la farola más próxima y se interpelan de manera cariñosa a la par que elegante.
-¿Qué es de tu vida, cabrón? Anda que no hacía tiempo que no nos veíamos.
-Venga un abrazo, hijoputa, qué ganas tenía de verte. ¿Hacen unas birras?
Y se van tan ricamente a mojar el encuentro.
Si son dos chicas las que se encuentran en plena calle primero se echan un rápido vistazo, de arriba hacia abajo, en donde queda establecido qué cariz tomará el encuentro. Luego dan besitos al aire, educadamente, y se dirigen a tomarse un café o un té, eso ya depende de los gustos de cada cual. Las conversaciones serán mucho más educadas, desde luego, aunque quizá más envenenadas.
-Pues te encuentro muy bien, Puri. La última vez que te vi me fui preocupada. Estabas tan desmejorada…con esas ojeras y la piel así como mate, apagada.
-Ahí te doy la razón Mari, ahora estoy mucho mejor. En esa época lo estaba pasando mal. Sabes que eres mi mejor amiga y me dio tanta pena cuando tu marido te dejó por esa chica de veinte años…Me preguntaba cómo lo superarías. A tu edad no es fácil sobreponerse a esas cosas…
Decididamente, obviando los innecesarios insultos cariñosos, me quedo con la primera forma de amistad. Me parece más sana. Por eso estoy empezando a pensar que si, que elegiré ser chico, aunque eso implique vestir de manera aburrida, no llevar tacones y tener que afeitarme la barba. Total…no creo que sea peor que la esclavitud de hacerse la cera cada mes. Que ese sacrificio también tiene lo suyo, oiga usted. Y además, siempre me queda ser tío pero metrosexual, de esos que no se van a la cama si no se han puesto sus cremas, que usan camisas de color rosa y combinan divinamente las corbatas. Ah…pero que esos se depilan los pelos del pecho. Si está visto que Dios se ha ensañado conmigo y quiere que me perfeccione por la vía del dolor. Sea. Amén Jesús.

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