27 de marzo de 2014

PLAGAS


A lo largo de nuestra vida nos encontramos a muchas personas en el camino. Unas se quedan para siempre, otras solo por un rato, y algunas ni siquiera nos dejan una leve huella. Pero hay algunas que no se van ni con agua caliente. Son ese tipo de gente que no acepta un no por respuesta, que no entiende que casi todo lo que empieza está destinado a terminar y que cuando eso pasa hay que intentar que sea de la mejor manera posible.
De mi bisabuela aprendí muchos refranes, y uno de ellos dice que el perro del hortelano ni come ni deja comer. ¿Por qué hay gente que no entiende que cada uno tiene que vivir su vida como le plazca y que uno de los derechos más hermosos del ser humano es el de equivocarse?
No hay nada que odie tanto como los consejos, sobre todo cuando no los he pedido; y todavía odio más que venga alguien a molestarte, a tratar de emponzoñar tu vida y encima te diga que lo hace por tu bien. Cuando era más joven y quiero pensar que más tonta, aunque lo sigo siendo bastante, me irritaba, me enfadaba, montaba en cólera. Ahora lo sigo haciendo, pero solo cinco minutos. Luego sacudo las alfombras de mi vida para tirar lejos la suciedad y sigo adelante, siempre adelante. Y simplemente ignoro a quien ha entrado en mi casa sin ser invitado. Ni me molesto en echarle. Los insectos, las cucarachas y las plagas, cuando encuentran un ambiente hostil acaban por marcharse solos.

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