4 de abril de 2014

REIVINDICO LOS ERRORES



Toda mi vida he sido una solitaria, no sé si por convicción, por genética o porque crecí como hija única en un clima brumoso e invernal donde jugar en la calle estaba limitado a ciertos días solamente. Así que cuando había que quedarse en casa me inventaba compañeros de juegos imaginarios. Aunque en el fondo de mi corazón creo que soy como esas fieras salvajes que cazan en solitario. Así quiero seguir. Y por eso reivindico el derecho a cometer mis propios errores sin que nadie me diga, con la mejor voluntad del mundo, que me estoy equivocando. No quiero consejos que no he pedido, no quiero opiniones ajenas, no quiero que nadie me ayude a vivir mi vida. Sólo pretendo fracasar a conciencia, con pleno conocimiento de causa, y si es menester, lamerme las heridas también a conciencia, pero a solas.

Mi bisabuela decía que nadie aprende en cabeza ajena. Y es verdad. Quiero tropezar en la misma piedra las veces que sean necesarias hasta darme cuenta de que ese no es el camino. Que Dios me proteja de quienes dicen siempre "es por tu bien". Si fuese por mi bien respetarías mis deseos de independencia, de cometer errores por mi cuenta, de llorar cuando sea necesario y de reír cuando todo vaya bien.

Reivindico el derecho a vivir la propia vida, con todo lo que eso implica. No quiero a mi lado jueces, ni fariseos, ni menos hipócritas que tiren la primera piedra. Quiero cometer mis propios pecados y hacerlo con los ojos abiertos. Porque el pecado solo es tal cuando se disfruta tanto que luego hay que ir corriendo a confesarse; si es que se siente necesidad de hacerlo. Yo me confieso a diario...delante de una hoja en blanco. A veces encuentro la absolución y otras no. Pero lo que siempre me llevo es la sensación de haber vivido. Porque nada hay tan triste como pasar por la vida de puntillas y sin dejar huella. Yo he decidido que estoy cansada de ir de puntillas y de ahora en adelante quiero pisar fuerte, hacer ruido y si es posible dejar huella.

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