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Mostrando entradas de junio, 2014

Novela

Después de aquella cena en la que intimaron más, siguieron tres días en los que pasaron juntos mucho tiempo con el pretexto de que Amanda se pusiese al corriente en el tema de la conservera. Una noche en la que volvían de allí, al llegar a la finca en lugar de ir directamente a su casa al fondo del jardín pasó a la habitación de Michael para retirar unos papeles que había que llevar al notario. No habían vuelto a mantener ningún contacto físico desde la cena, pero como si la familiaridad del dormitorio les hubiese desinhibido a los dos, les pareció del todo normal avanzar el uno hacia el otro hasta que con una pasión que tenía mucho de hambre adolescente, sus labios se unieron, sus lenguas se buscaron y cuatro manos ávidas rompieron todas las barreras, desabrochando botones, bajando y tironeando de cremalleras rebeldes. Él le susurraba al oído palabras en inglés que ella no lograba entender del todo y que tampoco se molestaba en interpretar. Lo que importaba no era lo…

DE VENGANZAS

Cuando era joven, hace ya un tiempo, tomaba muy en cuenta cada ofensa, real o imaginaria, que me hacían. Y siempre juraba cumplida venganza. Pero creo que nunca llegué a vengarme de nadie. En primer lugar porque no sabría cómo hacerlo.En segundo lugar porque, al ser de naturaleza volcánica en aquellos tiempos, mi ira duraba bastante poco. Y en tercer y último lugar porque poco a poco me fui dando cuenta de que la venganza no es necesaria. Y no lo es porque la vida o el tiempo se encargan de poner a cada cual en su lugar.
Y por eso decidí que en lugar de vengarme me convenía más ejercitar el bendito don de la paciencia. Cuesta mucho y requiere una gran capacidad de sacrificio y autocontrol, pero realmente merece la pena. Es como lo de las dietas para adelgazar: al principio cuesta renunciar a lo que engorda, que es casi todo; pero al descubrir que entras de nuevo en aquellos vaqueros de hace veinte años...ya no vuelves a probar una patata frita aunque amenacen con arrancarte las uñas …

Fragmento novela

Ambas se miraron al terminar de leer la carta y Amanda la dobló pulcramente y la guardó de nuevo en su sobre. Se levantó para preparar un té y mientras ponía al fuego la tetera y buscaba el azúcar y la leche volvió a pensar en las joyas que su tía guardaba en la caja de seguridad del banco. Se preguntaba si serían un regalo de ese hombre. Por un momento pensó en hablarle a Michael de las cartas pero enseguida se arrepintió. Aunque apenas le conocía estaba segura de que si sabía algo de su tía nunca se lo diría. Había tantos misterios en la vida de Irene Cuesta que a veces le parecía que se trataba de dos personas distintas la Irene que ella conoció y la que empezaba a atisbar como entre brumas. Como si le hubiese leído el pensamiento Inma se refirió a las joyas de su tía.
-¿Has pensado lo que harás con las joyas que están en el banco?
-Dejarlas allí, supongo-le contestó mientras servía te para las dos.
-Pues es una pena.
Se encogió de hombros.
-No puedo hacer otra cosa. No necesito di…

DE LA BUENA EDUCACIÓN

Las normas sociales de lo que se considera buena educación varían con el tiempo y sobre todo con las culturas. Lo que en un lugar se considera una tremenda falta de urbanidad en otro puede ser muestra del más refinado saber estar. Sin embargo, dejen que les diga que hay cosas que de puro insensatas no es que sean de buena o mala educación, sino que son chirriantes, molestas y de mal gusto. Unos ejemplos de las cosas que a mi, particularmente, me ponen en un estado mental rayano en el delirio.

-No soporto que si estoy comiendo en un restaurante personas a las que no conozco de nada me deseen buen provecho. Hay cosas íntimas, y la digestión es una de ellas, que prefiero llevar silenciosamente y en la más estricta privacidad.
-Odio a esos gañanes que para referirse a su esposa dicen mi parienta; pero igualmente a los retrógados que la mencionan como "mi señora".
-Debo de ser muy rara, porque tampoco me gusta que se diga "mi pareja". Me hace pensar en una pareja de…

LA DIGNIDAD DE LAS PUTAS

Hoy me he dado cuenta de que soy una visionaria, una mujer con los pies en la tierra y hasta si me apuran, ahora que la palabra está tan de moda…una estadista. Y sobre todo, que los inspectores de Hacienda y yo tenemos mucho en común, lo cual me ha dejado con sentimientos encontrados. El caso es que ustedes se preguntarán a qué diablos vienen estas divagaciones. Pues a que desde hace ya mucho tiempo yo vengo predicando, en el desierto, que las casas de citas, lupanares, puticlubs o como se les quiera llamar, deberían estar legalizados, dados de alta en el IAE y cotizar a la Hacienda Pública y la Seguridad Social. Y estos ínclitos señores a los cuales todos tememos casi más que a la muerte, piensan lo mismo que yo. Claro que a ellos les mueve solo el vil metal. A mí, además de pensar que si pagasen impuestos la crisis sería más llevadera, me mueve la idea de dignificar una profesión que de por sí no tiene nada de malo. Las putas venden lo que tienen, que es su cuerpo. A nadie obliga…