14 de junio de 2014

DE LA BUENA EDUCACIÓN





Las normas sociales de lo que se considera buena educación varían con el tiempo y sobre todo con las culturas. Lo que en un lugar se considera una tremenda falta de urbanidad en otro puede ser muestra del más refinado saber estar. Sin embargo, dejen que les diga que hay cosas que de puro insensatas no es que sean de buena o mala educación, sino que son chirriantes, molestas y de mal gusto. Unos ejemplos de las cosas que a mi, particularmente, me ponen en un estado mental rayano en el delirio.

-No soporto que si estoy comiendo en un restaurante personas a las que no conozco de nada me deseen buen provecho. Hay cosas íntimas, y la digestión es una de ellas, que prefiero llevar silenciosamente y en la más estricta privacidad.
-Odio a esos gañanes que para referirse a su esposa dicen mi parienta; pero igualmente a los retrógados que la mencionan como "mi señora".
-Debo de ser muy rara, porque tampoco me gusta que se diga "mi pareja". Me hace pensar en una pareja de la Guardia Civil, cuerpo al que respeto mucho, todo sea dicho, pero que le quita todo el romanticismo que la relación pudiese tener, o conservar, según sea el tiempo que dure ya.
-¿Y esos provectos hombres de negocios que no pueden esperar a que aterrice el avión para sacar sus móviles como desesperados? Si a esas ansias unimos que hablan a tal volumen que les escuchan desde Acapulco a Cuenca...Que bastante poco me importarán a mi su vida y milagros.
-Hablando de aviones...¿hay algo más patético que aplaudir cuando se acaba de aterrizar? ¿Ustedes han visto alguna vez que se jalee y se saque a hombros al conductor de autobús que nos lleva a nuestro destino?
-Y esos padres que vienen de visita con su prole y le dicen al nene cuando la criatura ya nos ha abierto hasta el cajón de la ropa íntima "Kevin Manuel de Jesús,esta señora te va a castigar si sigues portándote mal"...No, señores míos. La señora les va a dar dos collejas a los padres y recomendarles la castración para no traer hijos al mundo si no les van a educar como seres medianamente pensantes.
-Odio que me llamen por teléfono preguntando "¿Quién eres?". Pues usted sabrá, cafre del demonio, que yo estoy en mi casa, tan ricamente. Y no me tutue, que no hemos hecho la mili juntos, que yo recuerde.

Y así...suma y sigue por Manuel Roldán. Que nunca he sabido quien era, pero en mi casa es un señor muy mentado.

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