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Mostrando entradas de mayo, 2015

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 8

¡Qué extraño me resultaba hablar con alguien que me escuchase y sobre todo que contestase a lo que yo decía! Desde hacía ya muchos años estaba acostumbrada a los monólogos a la hora de la cena. Eso en el mejor de los casos; porque últimamente estaba tan hastiada de que Arturo no me escuchase que había desistido de decir nada y nuestras cenas eran de esos encuentros solitarios en los que cada cual mira hacia su interior y no se fija en el otro. No le echaba de menos. De hecho, en los dos días que llevaba en Galicia ni me había acordado de él. Y eso me dolía, porque quería decir que había vivido más de veinte años con alguien que me había dejado muy poca huella. La voz de Daniel me hizo volver al presente.
-Te estaba diciendo antes de que tu mente se alejase de esta cocina, que te pido perdón si te he molestado con mi comentario. Te ha cambiado la cara al oírme.
-No, no hay nada que perdonar, no me has molestado. Lo que pasa es que me he vuelto algo huraña; creo que he pasado demasiado…

NOVELA 38

Amanda no había olvidado la conversación pendiente con Vera. Aprovechando la tarde soleada se sentaron en la terraza de la taberna del puerto. A esa hora estaban solas y podían hablar con tranquilidad. Era demasiado temprano para que volviesen los hombres de pescar o los trabajadores de la conservera a tomar su vasito de vino antes de irse a casa a cenar. La única compañía eran las gaviotas y unas ancianas sentadas a la puerta de su casa arreglando las redes. Olía a mar, a algas, a viajes lejanos y a nostalgia del pasado. El mismo camarero de siempre, desgreñado y con cara de malas pulgas les trajo el café que habían pedido. Amanda se rio para sus adentros pensando que Vera era todo un espectáculo con su pamela azul haciendo juego con el vestido y su sempiterno bolsito. Parecía una vieja gloria del cine trasplantada desde Cannes hasta este pueblo dejado de la mano de Dios. Con una mirada la animó a que hablase; pero parecía que a la anciana le costaba empezar. Removía su café y mirab…

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 7

Luís Sandoval, al que yo amé como padre y así le traté siempre, era un hombre bueno del que guardo los mejores recuerdos y al cual, con la distancia que me proporciona el tiempo que ha pasado, le sigo queriendo como al único padre que conocí. Aunque él sabía que no era mi padre biológico, se que me quiso como a su verdadera hija y me inculcó muchos de sus principios y su forma de ver la vida. Parte de la mujer que actualmente soy es obra suya. Pasaba con él mucho tiempo, porque mi madre trabajaba como secretaria en la consulta de un médico, y era mi padre quien estaba en casa cuando llegaba del colegio, y quien me ayudaba con los deberes. El también trabajaba; pero lo hacía desde casa, con lo cual era el que tenía más tiempo para dedicarme. Mi padre había dado clases de inglés antes del accidente y luego se hizo traductor para poder trabajar desde casa con más comodidad.
De Ernesto Montes, mi verdadero padre, solo se lo que Diego me ha contado. Mi madre nunca me habló de él, por más…

CRÓNICAS

Regálame canciones en la madrugada
despiértame con una foto
cuando esté a punto de romper el alba.

Hazme una crónica detallada,
dime si hace frío o calor,
si está cerca tu llegada

Dime que vendrás pronto
y me envolverás con tu mirada,
que me rodearán tus brazos
y tu barba me rascará la cara.

Yo te diré que te sueño
cuando despierto en la mañana,
y que te pienso dormida,
intentando recordar a qué
sabían tus labios
cuando el deseo nos cegaba

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 6

Porque cuando uno piensa que el suelo se hunde bajo sus pies, que todo está perdido; encontrar un hombre amigo en el que recostarse, y que además es capaz de bromear y desdramatizar la situación, ayuda mucho. Y todo eso lo había hallado yo en Diego; aparte de que era uno de los mejores oncólogos del país. Me sentía segura poniéndome en sus manos, y decidí que dejaría de darle más vueltas al asunto. Haría lo que él me dijese que tenía que hacer, sin discutir. Si eso significaba vivir sin un pecho, intentaría hacerme a la idea, aunque me costase. Ante mi misma he de reconocer que el perder un pecho me asustaba, porque me hacía sentirme incompleta como mujer. Pero no estaba en condiciones de discutir ni de decidir tampoco por mi misma; ya lo hacía el mal que llevaba dentro, y lo que deseaba era atajarlo, arrancarlo de cuajo de mi cuerpo y volver a ser yo misma.
Me hicieron en ese mismo día todas las pruebas que Diego encargó, y me marché a casa bastante tranquila, porque mi hermano me h…

NOVELA 36

Ella dio por terminada la comida. Con la disculpa de que iba al baño pagó la cuenta de los dos; le gustaba invitarle porque sabía que a él le molestaría, y se marchó diciéndole adiós con la mano desde la puerta. La cara de Javier Valdés era todo un poema cuando se dio cuenta de que le había dejado plantado de nuevo.
Pero aunque disimulase, lo que le contó hizo que todavía se sintiese peor con respecto a Michael. No sabía nada de su vida, la llamaba cuando le daba la gana y cuando notaba el miedo o la decepción en su voz siempre tenía una palabra amable preparada, o le mandaba a través del whatsapp un mensaje grabado con su voz grave y sensual en el que le decía que no fuese boba, que era tan tonta como una niña pequeña, y que pronto estarían juntos. Y ella, durante uno o dos días, se quedaba más o menos tranquila. Hasta que de nuevo volvía a empezar de nuevo la misma tortura. Se estaba volviendo loca y sobre todo estaba siempre cansada por haber dormido mal.
Desplegó ante sí la cart…

DIANA Y NO PENÉLOPE

Una vida entera siendo Penélope
es un destino fatigoso
que aburre a cualquiera.

Tanto tejer y destejer sin
saber muy bien lo que se espera
me ha llevado a pensar
que hay que vivir de otra manera.

Me he despojado de mantos,
de ruecas, de hilo y de esperas.

Y he aquí que he empuñado
un arco de plata con mortíferas flechas.

Y no pretendo con ellas
hacer daño a las fieras.

Esta nueva Diana cazadora sólo
disparará al que primero la hiera,
desatará su ira y uno a uno
irán cayendo en silencio,
prisioneros de mis ojos,
atados a mi destino
como Ulises a su mástil
o el soldado a su bandera

NOVELA 35

Amanda asintió en silencio y se fue a la recepción. Allí se sacó del bolsillo de la chaqueta otra de las cartas de su tía. Últimamente buscaba en ella respuestas a su propia incertidumbre. Una incertidumbre que se acrecentaba día a día. En una ocasión, el primer sábado que estuvo sin Michael, decidió salir al pueblo de al lado a comer. Necesitaba estar sola durante unas horas al menos para no tener que poner buena cara ante Inma e incluso ante Vera, que cada vez pasaba con ella más tiempo. Se acomodó en una mesa pequeña que daba a la ventana, y desde allí tenía una buena vista de la playa y de la gente que aprovechando el buen tiempo paseaba al sol. Estaba empezando a comer cuando Javier Valdés se sentó a su lado; como siempre, sin que nadie le hubiese invitado a que lo hiciese. Pensó que sería perder el tiempo decirle algo, así que le miró fijamente y le saludó con un hola neutro y sin apenas entonación. Él hizo caso omiso de la fría acogida y encargó al camarero lo que quería.
-N…

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 5

Después de ponerme de acuerdo con Daniel, todo lo demás me parecía fácil; hasta la visita que tendría que hacer al oncólogo al día siguiente. Pero primero tenía que encender el coche para ir a comprar lo más necesario; yo no iba a alimentarme de comida enlatada, de eso estaba segura. En el garaje estaba el todoterreno que solíamos usar en verano; pero cuando quise ponerlo en marcha, no hacía ni siquiera amago de encender. Seguí insistiendo, porque tenía cierto reparo de molestar a mi inquilino. Al decirle que estaba en trámites de separación, no quería que se hiciese una idea equivocada y pensase que estaría todo el día pegada a él, llorando mis penas y pidiéndole que me sacase de algún problema. Sin embargo agradecí que entrase en el garaje y por propia voluntad le echase un vistazo. Me avergonzó bastante cuando me dijo que no encendía porque la batería estaba desconectada. Seguramente Arturo lo había hecho así la última vez que estuvimos en la casa, como precaución, pero la verdad …

NOVELA 34

Y mientras se encaminaba a la casita del fondo del jardín para cenar con Inma, se dio cuenta de que, con otras palabras, su madre le había dicho muchos años antes lo mismo que la tía Irene le había dejado escrito cuando supo que se iba a morir. No las defraudaría. Iba a luchar, aunque en este momento no supiese muy bien contra qué.
Pasaron cinco días sin ninguna noticia de Michael. Ya había desistido de mirar el whatsapp. Sólo le servía para saber que se conectaba casi media hora pero nunca encontraba un segundo para enviarle un mensaje a ella. Tampoco había correos suyos en la bandeja de entrada. Para mitigar su dolor se había llevado a su cuarto la última funda de almohada que él uso. Conservaba todavía su aroma. Y cuando a media noche la ahogaba el llanto y la añoranza no tenía más que olerla para sentirse menos sola. Pero no era tan boba como para no darse cuenta de que esta tortura no la llevaba a nada bueno.
La última carta que había leído de la tía Irene la había dejado en a…

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 4

El fin de semana pasó rápido. Me quedé sola en la casa; Arturo se marchó el sábado temprano y volvió el lunes por la mañana, cuando yo todavía no me había levantado, para llevarme al aeropuerto. No me esperaba tanta amabilidad, pero supongo que era una forma de acallar su mala conciencia. No permití que se bajase del coche; me dejó a la entrada, y le besé en la mejilla como despedida, diciéndole que ya le llamaría a media semana para contarle cómo iban las cosas.
Durante el vuelo, de apenas una hora, dormité algo, pero también tuve tiempo a pensar que las separaciones civilizadas, esas que tanto se alaban, en realidad solo son posibles cuando entre dos personas se ha terminado el amor. Si no queda nada, es fácil llevarse bien; a menos que existan problemas en el reparto de los bienes. Pero si algo bueno tenía ese hombre que todavía era mi marido, era su generosidad. Nunca había sido egoísta, y supongo que si le pidiese la mitad de todo, cosa que desde luego no haría, no me pondría pr…

NOVELA 33

Amanda e Inma se miraron, en silencio. Cada carta de Irene que leían las asombraba más, y en el caso de Amanda se daba cuenta de que, inexplicablemente y con muchas diferencias, su tía y ella, Paul y Michael, parecían cortados por el mismo patrón. ¿Cuánto sabía su tía sobre Michael? Por lo menos algo debía de sospechar, teniendo en cuenta que la había prevenido sobre él. Sacó otra carta del todavía abultado fajo y empezó a leer. Inma escuchaba, ensimismada.

Querida Inés:
Hace unos días regresé del trabajo a casa de Paul antes de lo previsto. Se ha muerto la suegra de mi jefe y nos dieron la tarde libre. Cuando llegué vi dos coches desconocidos aparcados en el camino que lleva a la piscina y no supe qué hacer. Al fin y al cabo, no es mi casa, y puede que mi presencia incomodase a Paul delante de las visitas. Sé tan poco de su vida que ando dando palos de ciego en mi conducta. Confieso que tengo miedo de hacer algo mal que dé al traste con nuestra relación. Es como cuando te han confi…

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 2

No tengo hambre, pero son las dos de la tarde, y tengo que comer, aunque sea por obligación. Bastante peso he perdido ya. Acabo de mirarme en el escaparate de una tienda y parezco un espantapájaros con este abrigo negro que me baila en los hombros. Por primera vez en mi vida, no estoy contenta de haber adelgazado. Me siento en una mesa al lado de la ventana; ya que estoy sola, me gusta ver pasar a la gente por la calle. Cuando llega el camarero le pido una ensalada y un vaso de agua. No soy capaz de comer nada más; la comida me produce náuseas y lo único que mi estómago tolera son las sopas y ensaladas. Me entretengo mirando a la gente que come en las mesas de al lado. La pareja de enfrente está discutiendo; ella se aguanta las lágrimas mientras él a duras penas contiene las ganas de gritar. Me entran ganas de decirle a ella que no se lo permita, que no tiene porque aguantar sus improperios en un sitio público. Sin embargo, los que están sentados a mi derecha son novios; eso se nota …

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 1

Camino con ligereza bajo el sol invernal que me calienta el alma y me da fuerzas para continuar adelante con el plan que me he trazado. Las calles están llenas de gente que se afana en las compras navideñas; de madres arrastrando a niños cansados y mohínos; de jóvenes amantes que se enlazan por la cintura y se dicen al oído palabras de amor y de deseo; pero también de muchas personas solas, como yo, que pasean su soledad por la cruel ciudad que a todos nos engulle en su panza hambrienta de agonías y de penas.
He sentido lástima del joven médico que me ha dado la noticia. Quizá sea la primera vez en su vida que lo hace, y tengo el sentimiento de haberle robado la posibilidad de consolarme. Pero yo no quiero ni necesito consuelo, y menos de un desconocido que nada significa para mí. Nada nuevo me ha contado, no me ha dado ninguna noticia que yo no esperase ya desde hace tiempo. He retrasado mi visita precisamente porque estaba haciendo acopio de energía para enfrentarme a la realidad …

NOVELA 32

Después de la conversación con Vera Amanda se quedó pensando en lo que habían hablado durante toda la mañana, mientras le ayudaba a Carmen a dejar preparadas las habitaciones y atendía al teléfono de la recepción. Cuando se reunió con Inma para comer estaba triste y taciturna, y en pocas palabras le contó la conversación que habían mantenido. Necesitaba desahogarse y hablar con Inma era un poco como hacerlo consigo misma.
-¿Tú crees, como tía Irene, que las mujeres de mi familia tenemos la maldición de elegir a los hombres menos adecuados?
-Yo no soy de tu familia y, si te sirve de algo, tampoco es que haya elegido muy bien-le contestó, acariciándose el vientre, cada día un poco más abultado.
Las dos se echaron a reír y de repente Amanda se dio cuenta de que, en el fondo, era muy afortunada. Los hombres iban y venían, pero las amigas de verdad eran para siempre. Si, era afortunada, y mucho. Tenía la vida solucionada económicamente, un negocio que le estaba reportando satisfacciones…

CON UN PAR

Desde que era pequeña en edad, porque en estatura lo sigo siendo, he escuchado un refrán que dice “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.
Siempre me pareció acertado, pero ayer mucho más. Gracias a mi hija, que a veces más que eso parece mi madre. Es lo que tiene hacerse mayor, los hijos se creen en el deber de tutelarnos. Ella habló, yo escuché atentamente. Y saqué en conclusión que la mentira tiene las patas muy cortas y que antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.
No sentí dolor, solo pena, una pena inmensa que desde ayer, como dice la canción de los legionarios, me devora como un lobo el corazón. Pena por la falta de valentía de la gente, pena por todos los que carecen de honestidad, de lealtad, de honor y… ¿por qué no decirlo? De eso que en España llamamos huevos o cojones. Y no, no soy machista. Que yo conozco a infinidad de mujeres con unos cojones enormes. Y a hombres también.
(No se tome al pie de la letra, por favor, que esto no son las cincuenta sombra…

SOLEDADES

La soledad tiene largas alas
que revolotean en torno a mi cara,
me pinzan las mejillas
y pasan rozando por mi garganta.

La soledad a veces me arrastra
hasta un pozo sin fondo
en donde todo es oscuro
y lo pueblan mil seres sin alma;
los mismos que me han herido
sin importarles nada.

Y el miedo nace en mi
y poco a poco avanza
hasta llenarme los huesos
de oscuros fluidos de desesperanza.

Líberame de estos miedos,
aparta de mi esta falsa calma
que me roe las entrañas
como un feto maldito
que haya venido a matarme
en una lucha sin tregua
en la que la Luz nunca gana.

NOVELA 31

Pero todos estos pensamientos positivos no le impidieron llorar cuando él se marchó. Le dijo adiós en la puerta; un adiós breve porque ya había aprendido que él odiaba las despedidas; y fue al quedarse sola, al dejar de ver su coche, cuando se retiró a la oficina y con furia se limpió las lágrimas que le mojaban las mejillas. Detestaba este sentimiento de soledad y de impotencia que le dejaba su marcha. Por suerte para ella no tenía demasiado tiempo para lamentaciones. El pequeño mundo que había creado le exigía sus cinco sentidos y la mayor parte de su tiempo. Cuando llegaba la noche caía rendida en la cama y cuando sonaba el despertador a las siete de la mañana le parecía que apenas había dormido un par de horas.
Aquella mañana la primavera estaba en todo su esplendor y Vera desayunó en el patio acristalado. Era la primera siempre en levantarse y la mayoría de los días le rogaba a Amanda que desayunase con ella. La joven ya no se hacía de rogar. Había descubierto que le gustaba co…

NOVELA 30

-Cuando nos conocimos me dijiste que la habías querido mucho y que su muerte fue una pérdida para ti-fue la rápida contestación de Amanda.
-Y la quise mucho, eso es verdad. Pero Irene Cuesta no me hablaba de su vida privada. Por cierto, ¿por qué será que tengo la ligera sensación de que me estás interrogando?
Amanda se dio cuenta de que, aunque lo disimulase, estaba nervioso. Cuando algo se escapaba de su control se le marcaba más el acento extranjero. Era de las pocas cosas de las que se había percatado en su breve relación.
-No te estoy interrogando
-Pues lo parece.
-¿Por qué eres tan susceptible?-le preguntó ella. Estoy descubriendo muchas cosas de mi tía que desconocía y no tengo a nadie a quien preguntar. Creo que en muchos aspectos tú la has conocido mejor que yo y por eso te pregunto. ¿Qué hay de malo?
-No hay nada de malo, baby-le dijo. Sólo que yo de la vida privada de tu tía apenas sé nada. La conocí hace unos diez años y aunque conectamos muy bien y es cierto que llegué a …

NOVELA 29

Amanda se separó ligeramente para poder mirarle a los ojos, chispeantes de risa. Y entonces también ella se rio. Eso era lo mejor de estar con él, que la risa siempre estaba presente.
-Yo si te he echado de menos-le aseguró él, sentándose y atrayéndola a sus rodillas.
-Pues no se ha notado. Tres correos en casi un mes no puede decirse que sea el colmo de la locuacidad. Y encima…breves como telegramas.
Él se encogió de hombros, con displicencia, como quitándole importancia al comentario.
-No me gusta el teléfono.
-Y por lo que veo tampoco eres muy locuaz escribiendo.
-No tengo mucho tiempo-se justificó él, con una sonrisa.
Pero Amanda, aunque contenta y aliviada de verle de nuevo, no estaba satisfecha con estas despreocupadas explicaciones.

-Si te parece podemos ir a la fábrica y hablamos juntos con el encargado.
-No hace falta. Me fío de ti.
-Pues no sé si yo podría decir lo mismo de ti.
Y en ese momento Amanda dudó si hablarle de la advertencia que su tía le había dejado en aquell…