25 de mayo de 2015

CON UN PAR




Desde que era pequeña en edad, porque en estatura lo sigo siendo, he escuchado un refrán que dice “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.
Siempre me pareció acertado, pero ayer mucho más. Gracias a mi hija, que a veces más que eso parece mi madre. Es lo que tiene hacerse mayor, los hijos se creen en el deber de tutelarnos. Ella habló, yo escuché atentamente. Y saqué en conclusión que la mentira tiene las patas muy cortas y que antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.
No sentí dolor, solo pena, una pena inmensa que desde ayer, como dice la canción de los legionarios, me devora como un lobo el corazón. Pena por la falta de valentía de la gente, pena por todos los que carecen de honestidad, de lealtad, de honor y… ¿por qué no decirlo? De eso que en España llamamos huevos o cojones. Y no, no soy machista. Que yo conozco a infinidad de mujeres con unos cojones enormes. Y a hombres también.
(No se tome al pie de la letra, por favor, que esto no son las cincuenta sombras de nadie). Pero, por desgracia, también existen los árboles de Navidad: es decir, los que tienen muchas bolas y preciosas, pero de adorno.
Quien quiera leer, que lea, y el que pueda, que entienda, y quien se sienta aludido, mi más sentido pésame.

No hay comentarios:

Publicar un comentario