Ir al contenido principal

NOVELA 21



-No me parece mal que alguien te dé un poco de tu medicina. Ahora sabrás como se sintió la pobre Carla.
-Tío, ocúpate de tu puta vida-le contestó de malas maneras. Acabo de verla tomándose una caña tan ricamente con un tipo de lo más raro, con pinta de guiri. Y se han ido juntos-añadió, ofendido.
-¿Y qué? ¿Es que no tiene derecho a irse con quien le dé la gana? No eres su dueño, Javier, ni tiene por qué darte explicaciones.
El arquitecto se removió en la silla mientras le pedía por señas al camarero otra cerveza. La actitud indiferente de Amanda le resultaba mucho más hiriente de lo que nunca había podido llegar a imaginar. Estaba bastante acostumbrado a llevar siempre la batuta, a que las mujeres le fuesen detrás y a él le tocase espantarlas como si se tratase de moscas molestas que le impedían sestear en una tarde de verano. Y ahora llegaba una chica que no solo había conseguido llevar la voz cantante y hacer su santa voluntad en la reforma de la casa, sino que desde la primera noche, a pesar de su patético intento de quedar como el macho alfa de la manada, le había puesto en su sitio sin que le temblase una pestaña. Era demasiado para su ego y no pensaba permitirlo.
En la casita de Amanda, al fondo del jardín, el almuerzo se desarrollaba de manera bastante distinta. Allí no había malas caras ni gestos airados. Inma se había mostrado encantada de conocer a Michael y ambos habían congeniado de manera inmediata. Cuando se marchó con la disculpa de que tenía que organizar el trabajo del día siguiente se despidió de ambas cordialmente y las invitó a cenar al pueblo vecino, que era algo más grande y contaba con al menos dos restaurantes bastante aceptables. Inma declinó la invitación diciendo que se encontraba muy cansada pero por debajo de la mesa le dio una ligera patada a su amiga como dejándole claro lo que le esperaba si no aceptaba; así que Amanda dijo lo que en principio tenía ya pensado decir: que si, que iría encantada.
Después de dejar la cocina recogida las dos amigas se sentaron en la sala y siguieron leyendo las cartas de la tía Irene a su hermana Inés. Amanda estaba descubriendo a una nueva mujer y tenía la extraña sensación de que nunca había conocido realmente a su tía.
Querida Inés:
Estoy bastante asustada y desconcertada a la vez. Todo se debe a ese hombre del que te hablé, Paul Knight. Nos hemos estado viendo casi todos los días y a ti que nunca te he ocultado nada tampoco puedo ahora negarte que me gusta mucho. Quizá me esté enamorando, no lo sé. Sabes que nunca he estado realmente enamorada. Lo que sentí por Pedro no fue amor, sino más bien rutina…Nos conocíamos desde niños y parecía normal que nos hiciésemos novios; pero aunque sentí mucho su muerte no puedo decir que me quedase derrumbada, ya lo sabes. Así que no podría asegurarte que ahora ame a este hombre, pero si amar es pensar en él todo el día o que la piel se me erice con solo escuchar su voz, o recordar cuando se va cada una de las palabras que me ha dicho…entonces supongo que sí, que me estoy enamorando de él. Y me preocupa. Tengo miedo y por muchos motivos. El primero de ellos se debe a que es un hombre de más edad que yo y desde luego más experimentado; pero también porque es extranjero, no sé nada de su vida y…creo que me oculta cosas. Aunque el primer día me contó su procedencia y orígenes, habla poco de sí mismo y cuando le he hecho alguna pregunta se ha ido por las ramas, aunque siempre con mucha elegancia y educación.
Ahora quiero contarte dos cosas y te ruego que no me juzgues. La primera es que…me he acostado con él. Ya, ya sé que es algo bastante incongruente porque acabo de decirte que estoy casi segura de que me oculta cosas. Podría decirte que me sedujo, que me engañó…pero no sería verdad. Lo hice porque quise, porque lo deseaba y lo necesitaba, y no me arrepiento en absoluto. Volvería a hacerlo mil veces más. Fue maravilloso y nunca, por mal que luego vayan las cosas, diré que fue un error. Lo segundo es que sin querer me di cuenta de que va armado. Me di cuenta de manera accidental; pero siempre lleva consigo una pistola. Y no me atrevo a preguntarle por qué. Puedes decirme que soy una cobarde o que soy absurda. Creo que un poco de las dos cosas. Si esto me lo hubiesen contado hace un par de meses hubiera huido despavorida; y sin embargo, aquí me tienes, viéndome cada día con él en una casa que tiene en las afueras de la ciudad. Algunas noches cuando me acuesto me pregunto qué dirían nuestros padres si se enterasen. Supongo que Papá me daría una somanta de palos y me encerraría de por vida en el desván de la casa.
Te seguiré contando en otra ocasión, hermana. Ahora mismo se me cierran los ojos y mañana debo madrugar. Alguna noche no he vuelto a casa a dormir; he ido a trabajar directamente desde la casa de Paul. Él me lleva al trabajo, aunque a petición mía me deja una calle más allá de la entrada del puerto. No quiero que mi jefe se entere de que tenemos una relación, o lo que sea que tengamos; porque ni yo misma sé cómo llamarle.
Te quiere

Irene
Ambas se miraron al terminar de leer la carta y Amanda la dobló pulcramente y la guardó de nuevo en su sobre. Se levantó para preparar un té y mientras ponía al fuego la tetera y buscaba el azúcar y la leche volvió a pensar en las joyas que su tía guardaba en la caja de seguridad del banco. Se preguntaba si serían un regalo de ese hombre. Por un momento pensó en hablarle a Michael de las cartas pero enseguida se arrepintió. Aunque apenas le conocía estaba segura de que si sabía algo de su tía nunca se lo diría. Había tantos misterios en la vida de Irene Cuesta que a veces le parecía que se trataba de dos personas distintas; la Irene que ella conoció y la que empezaba a atisbar como entre brumas. Como si le hubiese leído el pensamiento Inma se refirió a las joyas de su tía.

Comentarios

Entradas populares de este blog

JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.