21 de mayo de 2015

NOVELA 27


Amanda dejó la carta a un lado y por un breve instante pensó que Paul Knight y Michael Field eran bastante parecidos, aunque, que ella supiese Michael no iba armado, y desconocía si tenía mucho o poco dinero. Pero ambos eran demasiado misteriosos, aunque encantadores. Su tía no había podido prescindir de su Paul y a ella se le estaba haciendo muy largo el tiempo sin saber nada de su amante de una noche. Sacudió la cabeza, enfadada consigo misma y salió a revisar las habitaciones de lo que había sido el desván, que ya estaban terminadas y en pocos días tendrían ocupantes.
Estaba muy satisfecha con el trabajo de Javier Valdés. Puede que fuese un maleducado y un auténtico cafre, pero era muy bueno en lo suyo. El desván, que antaño era un lugar polvoriento y oscuro, se había convertido en un sitio luminoso. Se había conservado la madera original del suelo y en ella destacaban varias alfombras rescatadas de los tesoros de la tía, y que una vez limpias quedaron perfectas. En una de las habitaciones Amanda había puesto una cama con dosel y en la otra un lecho sostenido por cuatro columnas macizas que le daban gran prestancia. Por suerte había dos baúles llenos de ropa de cama y no necesitó comprar apenas nada.
Durante el día no encontró un momento para abrir el paquete que le había entregado Vera. La pareja que iba a llegar la próxima semana la llamó para adelantarlo y tuvo que recibirles a las nueve de la noche. Ella resultó ser una señora bastante quisquillosa, a quien parecía que ni su propio marido soportaba. Pero Amanda se colocó su máscara de “todo va bien” y la atendió con la mejor de sus sonrisas. Por fin, a las diez de la noche se llevó a la cama un vaso de cacao caliente y decidió poner fin a ese nuevo misterio. Antes de abrirla sacudió de nuevo la cajita, y siguió sonando como la primera vez, como si contuviese papeles o algo ligero. Ante sus ojos apareció la foto de una mujer de unos treinta años, vestida con un vaporoso traje de noche y con una de las gargantillas que estaba depositada en el banco. Por el parecido con su propia madre se dio cuenta de que se trataba de su tía Irene. En aquel tiempo tenía el pelo del color del bronce, levemente rizado. Aunque la foto era pequeña se dio cuenta de que su tía había sido una mujer muy atractiva, con unos ojos verdes rasgados y llenos de vida. Aparecía luego en otra fotografía con un hombre alto y corpulento, muy rubio, que la miraba sonriendo mientras ella sostenía en sus brazos a un bebé del que solo se veía la mantita que le tapaba. Supuso que era su hija Elena y el padre, el misterioso Paul. Un hombre que extrañamente guardaba cierto lejano parecido físico con Michael. Desechó la idea, enfadada, diciéndose a sí misma que era una idiota por encontrar parecidos inexistentes. Quizá debiese ser honrada y confesarse que tenía tantas ganas de verle que en cada cara veía la suya. En el fondo de la caja había un pliego de papel escrito con una letra picuda y cuidada.
Querida sobrina:
Quizá te preguntes por qué te he elegido, de todos mis parientes vivos, para legarte mis bienes. Yo, a veces, también me lo pregunto, porque de todos mis sobrinos tú siempre has sido la más díscola y respondona. Pero quizá sea porque eres la única hija de mi hermana más querida, o porque eres la única chica, o porque tus ojos y los de mi hija, muerta hace ya tantos años, eran idénticos. El caso es que lo que tengo es tuyo y espero que sepas sacarle buen provecho. Los bienes materiales a mí no me han dado la felicidad, pero me han ayudado a vivir mi desgracia con mayor comodidad que si no tuviese nada. Si vendes la casa, te pediría que lo hagas a quien sepa amarla como yo lo hice toda mi vida. Esta casa la construyó tu bisabuelo y aquí nacieron mi padre y todos mis hermanos. Con las joyas…tú verás lo que quieres hacer. Si las vendes te darán un buen dinero, aunque quizá, como eres joven y hermosa, prefieras lucirlas. Yo las llevé hace mucho tiempo pero fue en otra vida que a veces me parece tan lejana que dudo si ha sido cierta. En cuanto a la conservera, si eres cauta te dará buenos beneficios. No es un negocio grande, pero si muy rentable. El notario te presentará a mi socio, que ahora es el tuyo. Michael es un muchacho estupendo del que te puedes fiar en cuestiones financieras. A pocos encontrarás más honrados que él. Sólo te daré un consejo; aunque supongo que no lo seguirás, como la mayoría de los jóvenes. Yo tampoco hice caso de consejos cuando tenía tu edad; pero igualmente te diré lo que pienso: no le veas como algo distinto a un socio si sabes lo que te conviene. Las mujeres de nuestra familia tenemos cierta tendencia a enamorarnos de la persona menos adecuada. Tu abuela, tu tía Elvira, tu propia madre y yo somos buen ejemplo. Demuestra tú que tienes más cordura.
Soy poco dada a expresar mis emociones. Con el tiempo he descubierto que no lleva a nada bueno, salvo a que los demás te hieran al saberte vulnerable. Pero si te diré que me gustaría que vivieses en la que fue mi casa. A mí me dio paz en un momento en que lo necesitaba. Puede que te ocurra lo mismo.
Rompe con la tradición familiar y sé feliz.
Tía Irene

1 comentario:


  1. Hola a todos esto realmente funcionaba y me siento orgulloso de dar testimonio de ello. vi un post sobre cómo una señora consiguió su hombre de vuelta y me decidí a probar este doctor que la ayudó porque mi relación estaba fallando. aunque yo nunca creí en el trabajo espiritual que a regañadientes le intenté porque estaba desesperada, pero para mi mayor sorpresa Dr. Zadson me ayudó y mi relación es ahora perfecto tal como lo había prometido a mi hombre ahora me trata como una reina, incluso cuando él me había dicho antes de que él no me ama más. Bueno, yo no puedo decir mucho, pero si usted está pasando por dificultades en su relación juzgarlo aquí está su correo electrónico: eduduzadsontemple@yahoo.com de una verdad que realmente ayudó de nuevo su correo electrónico: eduduzadsontemple@yahoo.com

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