17 de junio de 2015

DE VENGANZAS





Yo celebro mi santo el día cuatro de julio. Porque me da la gana, porque coincide con una fiesta yanqui pero sobre todo porque prefiero a Santa Isabel de Portugal, y que me perdone Santa Isabel de Hungría.
Me gusta mucho esta señora. La pobre tuvo que sufrir lo indecible con el pichabrava de su marido, don Dionis. Pero cuando analizo su comportamiento, no sé yo si fue tan santa o sobre todo fue lista y superviviente. Todos, incluso las mejores personas, caen a veces en el tan humano pecado de la venganza. Ella también. Y halló una manera exquisita y malévola de vengarse de las numerosas amantes del rey. Cada vez que tenía noticia de que una de ellas había parido un bastardo, mandaba a buscar al recién nacido, le traía a sus aposentos en palacio y le criaba como la más amante de las madres, con lo cual los niños y niñas la amaban como si lo fuese. Y lo era, porque les había criado. ¿Hay mejor venganza que privar a una madre del amor de su hijo? Estimo que no.
Yo no me tengo por persona rencorosa ni vengativa. Pero lo mío no es cuestión de bondad, sino que siendo así se sufre lo que está en los escritos y salen arrugas, granos y temo que hasta purulencias. A quien me ha hecho algún mal, si ha sido sin querer, no puedo más que desearle todo el bien del mundo. Y sí ha sido queriendo, y además con premeditación y puede que hasta alevosía…sólo le deseo que se cumplan todos sus sueños.
A veces esto puede ser algo terrible. Porque dependiendo de la persona, se desean cosas muy variadas. Pues eso, que se cumplan todos sus sueños, y que sea a lo grande. Ya puestos a pedir, yo que lo vea.

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