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ENSEÑANZAS






Hace unos once años, un veintiocho de febrero, fui de compras con mi hija. Las hijas nunca pueden ser amigas porque son algo mejor: hijas, carne de mi carne y sangre de mi sangre. Lo mejor que me ha pasado en la vida.
Hacía mucho frío y cuando salíamos de tomar, yo un café y ella algo con muchas calorías que solo sus dieciséis años podía permitirle, vimos algo que a los dos nos paralizó. En una esquina estaba una pareja de mediana edad, él tocando un violín y ella cantando. Nunca oí una voz tan clara, tan pura y con tanta tristeza. Eran rusos y al tiempo que cantaban vendían iconos y estampas. Recuerdo perfectamente que él era muy rubio; con barba y ojos azules; alto y cargado de espaldas, quizá por muchos dolores físicos y morales. Ella también era rubia y sus ojos eran como zafiros. Pómulos altos y la cara de mujer más hermosa que jamás he visto; aunque también con mucho dolor. No sé cuánto les dejé, todas las monedas que llevaba. Y recuerdo que hice algo que me salió del alma; le tomé la mano a aquella mujer y traté de decirle con mi calor lo que no podía con palabras, porque no nos entendíamos. Pero su mirada y la manera en que oprimió mis dedos me lo dijo todo. No hacía falta tener un idioma común porque nos entendimos perfectamente.
A la vuelta hablamos mucho mi hija y yo. Solemos hacerlo. No pretendo enseñarle nada, porque soy yo la que cada día aprendo de ella. Pero estoy orgullosa de lo que tanto su padre como yo hemos tratado de transmitirles a su hermano y a ella: a ser buenas personas, a mirar a los ojos del otro y a tener empatía. Esa es nuestra herencia; lo material se acaba, pero quiero pensar que el ejemplo de los padres queda. Al menos a mi me ha quedado grabado todo lo que mi padre me enseñó. No hay día en que no le recuerde y le eche de menos. Y aunque ya no esté, en mi corazón siempre estará.

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JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.