14 de junio de 2015

MADURAR






Madurar no es sinónimo de envejecer. Esto último es un proceso físico e irremediable y que también tiene mucho de mental. Es bastante cierto que cada cual tiene los años que cree tener. Conozco a muchos viejos de veinte años y unos cuantos jovencitos de noventa. Se envejece cuando se pierde la ilusión, cuando uno ya no tiene ganas de aprender y cuando la curiosidad se va muriendo, unas veces de golpe y otras en una lenta agonía. Lo otro son daños colaterales. Las arrugas, el dolor de huesos cada vez más frecuente, el cansancio, las canas…son males bastante menores si la curiosidad y el niño que llevamos dentro se mantienen vivos y alerta.
Establecidas estas bases y por real decreto, mío, establezco que madurar es aceptar. Y no tiene nada que ver con la edad. Hay quien se muere de cien años y no ha madurado. No sé si madurar es bueno, pero sí sé que proporciona una cierta paz interior. Cuando las cosas, incluso las peores, se aceptan, duelen menos. Madurar es bastante parecido a digerir, a procesar los alimentos en nuestro organismo, aunque la comparación no quede demasiado elegante. Me van a perdonar, pero es que no se me ocurre otra. Cuando les enseñamos a los niños que hay que masticar bien la comida y comer despacio y sin distracciones, hacemos muy bien; así la digestión es más fácil.
Pues con este difícil arte de madurar ocurre algo bastante parecido. Las cosas del día a día, los sentimientos, las querencias, hay que aceptarlas para que no se nos haga una bola en el estómago. Lo que ocurre que aceptar no es fácil, ni se aprende a hacerlo en dos días. Se trata de un camino largo y lleno de escollos que a veces hay que recorrer descalzos. Cuando ya los guijarros nos han desollado los pies y no podemos más, empezamos a entender que el único camino que queda es la aceptación. Los cristianos le llaman resignación, pero la aceptación es quizá más antigua que el propio cristianismo. Los estoicos ya sabían mucho de eso, y los taoístas, ya ni les cuento. Podrían dar conferencias. De hecho, igual las dan y no estoy enterada. Aunque estoy aprendiendo a aceptar, si se enteran ustedes de alguno de estos cursos de Tao, me avisan y me apunto rauda y veloz.
Es que se queda una de un relajado cuando acepta los sinsabores…

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