Ir al contenido principal

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 23



-Un poco, si. Pero creo que seré capaz de llevarlo.
-Sabes que no estás sola, ¿verdad?
Asentí con la cabeza. No me fiaba de mi misma lo suficiente para hablar. El gesto que acababa de tener me había sorprendido. ¿En que estábamos entrando? Los dos estábamos demasiado solos y me daba miedo que confundiese sentimientos, o que me hiciese a mi confundirlos. Yo no estaba en disposición de mantener ningún tipo de relación; mi vida ya era bastante complicada. Pero su mirada, sus ojos grises clavados en los míos me llenaban el corazón de una calidez que no había sentido desde hacía mucho tiempo. Murmuró algo de que tenía que terminar un capítulo antes de comer, y yo agradecí que me dejase sola. Acabé de hacer la comida, pero de manera mecánica y sin disfrutarlo realmente. Siempre me había gustado ser honrada conmigo misma, y estaba empezando a sentir algo por Daniel. No sabía lo que era, pero ciertamente no le miraba ya como a mi inquilino. Pero, ¿qué sentía él? Por instinto, desconfiaba de los hombres. ¿Qué pretendía, qué veía en mí? Decidí aparcar mis dudas, y como ya no me quedaba nada más que hacer en la cocina, fui a bañarme y a cambiarme de ropa para recibir a mi hermano. Cuando volví, Daniel había puesto la mesa, e incluso había abierto el vino. Él también se había cambiado de ropa. En lugar de los desgastados vaqueros y el jersey de cuello alto, llevaba un pantalón negro y una camisa. Cualquiera diría que esperábamos una visita de compromiso. Oí el coche de mi hermano, y salí a la puerta para recibirlo. Me envolvió con su abrazo y luego me separó un poco para mirarme bien.
-¿Estás comiendo lo suficiente?
-Si, pesado.
-Pues no lo parece. Veo que has adelgazado, y te necesito fuerte. Te dejaré unas notas para la dieta que quiero que sigas
Le frené con la mirada.
-Diego, primero vamos a comer, como personas normales. Y luego hablaremos todo lo que quieras de la dieta, del tratamiento y de lo que gustes. Pero ahora, olvídate por un momento de que eres médico. Durante la comida eres, simplemente, mi hermano.
Nos sentamos a comer, y hablamos de nimiedades hasta que ya con el café Diego sacó la artillería pesada.
-Quiero que empieces este lunes con el tratamiento. De momento, serán dos sesiones a la semana: lunes y jueves. Luego, según vayamos viendo, puede que se reduzca a una sola. No es doloroso, nos limitaremos a suministrarte los medicamentes directamente en vena. Aburrido, tal vez.
-¿Y cuando se me caerá el pelo?
Mi hermano puso los ojos en blanco, como haciéndose el mártir.
-Ya estamos. ¿Eso es todo lo que te preocupa? No a todo el mundo se le cae el pelo, aunque es bastante frecuente. En el caso de que se te caiga, puede ser inmediatamente de comenzar el tratamiento, o algo más tarde. Puede que pierdas solo el pelo de la cabeza, o que también te quedes sin pestañas, y sin pelo en las axilas o las piernas.
Me eché a reír. La verdad es que estaba tan asustada que prefería tomarlo a broma.
-Ojala se me caiga el de las piernas y el de las axilas. Me ahorraré la depilación, ahora que pronto llegará la primavera.
Ellos se rieron conmigo; entiendo que para animarme.
Diego siguió con sus macabras explicaciones.
-Probablemente se te seque bastante la piel; será necesario que empieces ya a darle una ración extra de cremas hidratantes y nutritivas. El áloe vera o la rosa mosqueta suelen ir bien. Y ten a mano lágrimas artificiales, los ojos también se resecan
-Tengo muchas naturales, te lo aseguro-le contesté.
-Muy graciosa-me dijo, amenazándome con el dedo índice. Puede ser que sientas náuseas y vomites, sobre todo en las primeras sesiones. Y también cambiará tu sentido del gusto y del olfato. Muchas personas le encuentran a la comida un sabor metálico. Todo eso son cosas normales, y pasajeras. Pero presta atención especial a la comida; no puedes permitirte adelgazar demasiado, porque los pacientes sujetos a quimioterapia suelen quedarse anémicos. ¿Cómo tomas la leche?
-Desnatada-le contesté.
-Pues a partir de ahora, entera. Vas a necesitar todas las grasas a tu alcance. Toma mucha fruta, verdura, legumbres. Puede que la carne te repugne, suele pasar bastante. Si es así, no te preocupes, puedes comer pescado y huevos. Y procura hacer seis comidas al día.
Me horroricé. ¿Seis comidas al día? Pues entonces no haría otra cosa que comer. Iba a protestar, pero Diego me mandó callar con un gesto.
-Si, seis comidas; y poca cantidad cada vez. Desayunas, a media mañana comes algo, almuerzas, meriendas, cenas temprano y comes algo muy ligero antes de irte a la cama. Si no puedes hacer seis, al menos cinco. Y cuando no haga demasiado frío, es bueno que pasees, despacio y a tu ritmo; pero el ejercicio te vendrá muy bien.
Daniel había estado callado todo el rato, pero ahora habló.
-De los paseos me encargo yo. Y de que coma a menudo, también.
-Si, será mejor que la vigiles, porque es muy terca y tiene cierta tendencia a hacer caso omiso de lo que le mando.
-Déjalo en mis manos.
Me levanté de la silla, enfurecida.
-Si vais a seguir hablando como si yo no estuviera presente, me largo. No soy una niña ni tampoco idiota. Tengo cuarenta y siete años, por Dios.
Estaba al borde de las lágrimas; de miedo, de pena de impotencia. ¿Cuántas cosas más me iban a pasar?
Fue Daniel quien reaccionó primero, levantándose para abrazarme. Me quedé algo rígida, al principio, porque me extrañó que lo hiciera delante de mi hermano, pero necesita contacto y calor humano, y me abandoné en sus brazos, llorando.
Diego no dijo nada, esperó a que me calmase, y luego siguió con sus recomendaciones.
-Elena, nadie ha dicho que fuera fácil. Lo pasarás mal, no quiero engañarte. Pero podrás con todo. Te ayudaremos, y saldrás adelante.
Intervino Daniel. Me secó las lágrimas y dijo que nos íbamos a la peluquería.
-¿A qué? –le pregunté. ¿Tú crees que tengo ánimo para peluquerías?
-Vas a ir a que te corten el pelo como si te fueras a hacer la mili.
Me horroricé y me negué en redondo.
-Daniel tiene razón-me dijo Diego. Será peor si luego se te cae a puñados mientras lo tienes largo. Te lo cortas bien cortito y así te vas haciendo a la idea.
-Pero no me pondré peluca-dije, enfurruñada. Me voy a comprar pañuelos bien bonitos, de colores, y turbantes, como una vieja actriz retirada. Si tengo que estar horrible, al menos que sea con glamour.
Los dos se echaron a reír y me mandaron que me lavase la cara, llena de churretones de maquillaje y lágrimas, mientras ellos recogían la mesa. Diego se marchó a la clínica y nosotros a la peluquería, donde Daniel esperó pacientemente a que me tocase el turno. Cuando las tijeras cortaron el primer mechón, él estaba a mi lado, cogiéndome la mano. Ya sé que puede sonar tonto, pero no pude evitar volver a llorar; no tanto por perder la melena como por darme cuenta de que no estaba sola.




Comentarios

Entradas populares de este blog

JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.