9 de junio de 2015

NOVELA 44



-Vera,¿ se molestaría mucho si le hago una pregunta muy personal?
La anciana se encogió de hombros, sonriendo.
-Lo dudo, Darling. Puede ser que me niegue a contestarla pero no me enfadaré. He alcanzado una edad en que ya me enfado por muy pocas cosas. No merece la pena. No me queda tiempo para enfados; sino para vivir.
Amanda no necesitaba que la animasen más, y decidió lanzarse lo más directamente que sabía.
-¿Usted estaba enamorada de Paul y por eso cambió su opinión sobre él cuando supo que estaba con la tía Irene?
Vera parecía estar estupefacta y durante unos segundos se quedó mirando a la joven con la boca abierta, como si Amanda fuese una especie de bicho raro. Cuando se recuperó le pidió que le llenase la taza nuevamente y después de tomar un sorbo de té cruzó las manos sobre el regazo, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, como concentrándose.
-No, Darling, nunca amé a Paul. Le respetaba mucho, le quería como amigo, le obedecía ciegamente porque era mi superior en la organización y durante mucho tiempo no puse en duda ninguna de sus órdenes. Ya hacia el final la cosa cambió algo y había algunos temas en los que no estábamos de acuerdo, pero aun así le seguí respetando siempre. Pero nunca le amé. Durante mi larga vida he estado con muchas personas, pero he amado a una sola; y para mi desgracia fue siempre un amor imposible. Yo lo sabía pero no pude evitarlo.
Amanda se quedó en silencio. Había contestado con sinceridad a su pregunta y por eso no le pareció correcto ahora interrogarla sobre ese amor imposible, aunque se muriese de ganas de saberlo. Pero Vera pareció leer en su mente, porque continuó hablando, esta vez en tono más íntimo. Había lágrimas en sus ojos, aunque no llegase a derramarlas.
-A la única persona a la que amé hasta el día de su muerte y a la que ahora que ya no está sigo amando ha sido a Irene.
Si una bomba hubiese explotado en medio de la cocina Amanda no se hubiese quedado más asombrada. Dobló y desdobló la servilleta que tenía sobre el regazo y boqueó una y otra vez como si el aire no entrase en sus pulmones.
-Yo…no sabía que usted, quiero decir, nunca se me ocurrió pensar…
-No te preocupes, Darling-la tranquilizó la anciana tomando su mano y dándole palmaditas. No hace falta que me digas nada. ¿Qué ibas a saber? El caso es que cuando conocí a tu tía yo me había acostado ya con bastantes hombres y aunque no quise a ninguno, siempre pensé que me gustaban. Si no me gustasen, no lo hubiese hecho. Bueno, excepto con dos de ellos, con los que me acosté por obligación.
-¿Obligación?-repitió Amanda, incrédula y escandalizada a partes iguales.
-Quiero decir que los llevé a la cama para sacarles información que necesitaban mis jefes, Paul en concreto, para alguna misión. A los hombres se les suelta mucho la lengua cuando están con una chica guapa, y en aquellos momentos yo lo era, aunque te parezca mentira-acabó, guiñándole un ojo.
-Pero entonces, no entiendo. Si le gustaban los hombres…
-Ay, niña, la vida no es tan sencilla como tú crees. Los años me han enseñado que en realidad hay mucha gente, y yo soy una de ellos, que no se enamoran de un hombre o de una mujer, sino de una persona. Irene me impactó de tal manera cuando la conocí que no pude evitar amarla. Hubiese dado mi vida para que ella fuese feliz.
-¿Y ella lo sabía?



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