15 de junio de 2015

NOVELA 46



Desde que había hablado con Vera Amanda se pasaba cada minuto de su tiempo libre delante del ordenador, bien en su casa o en la recepción. Intentaba recopilar toda la información posible sobre esa misteriosa red y aunque siempre había creído que ella era una mujer de su tiempo y muy bien informada, se daba cuenta de que leer periódicos o escuchar noticias a menudo es engañoso. Al fin y al cabo quienes manejan los hilos se ocupan de que la gente normal sepa sólo lo que ellos desean que se sepa.
Necesitaba hablar con alguien de las cosas que iba descubriendo. Pero, ¿con quién? En principio Vera quedaba descartada porque ella misma era parte implicada en el asunto. Tampoco podía hablarlo con Inma; estaba viviendo un momento muy especial en su vida y no quería trastornarla. Todas sus otras amigas quedaban descartadas también, y desde luego no lo hablaría con Javier Valdés. No deseaba ser fruto de sus burlas de nuevo.
Al final solo le quedaba Michael. Al fin y al cabo él era un hombre de mundo y sobre todo había conocido a la tía Irene. Cabía incluso dentro de lo posible que supiese algo del asunto. Si Vera se había sincerado con ella, ¿no sería posible que la tía hubiese hecho lo mismo con Michael?
Una vez que hubo tomada la decisión que ya desde el principio sabía que iba a tomar se quedó mucho más tranquila. Pero había un problema: esperar a verle en persona. Ese tipo de cosas no era para mencionarlas en un mail o en un whatssapp.
Mientras tanto siguió leyendo los archivos que había encontrado. Se hablaba de atentados; una bomba en el Banco de Agricultura de Milán en 1969, una masacre en la Oktoberfest de Munich en 1980,un tiroteo en un supermercado belga cinco años después.
Apagó el ordenador, hastiada de tanta sangre, de tantas muertes, de tantos sacrificios que ella consideraba inútiles. Nunca había entendido a las personas que lo dan todo por sus ideas. Por lo que había visto Paul había sacrificado su vida, la de las mujeres que le habían amado y puede que hasta las de sus hijos por una causa. Todo quedaba muy bonito como ideal, pero en el fondo Amanda pensaba que ese sacrificio escondía muchas carencias y mucha cobardía. Para ella los verdaderos héroes eran las personas que se levantan cada mañana para ir a trabajar por un sueldo mísero que apenas les alcanza hasta fin de mes, que crían a sus hijos lo mejor que pueden, y que luchan por sobrevivir en el mundo real.
Paul no había sido de esas personas y mucho temía que Michael tampoco. Sabía que la destruiría si no era capaz de dejarle a un lado. Y no lo era, porque ahora mismo estaba contestando apresuradamente a un whatssapp que acababa de mandarle, cuando él tardaba día en ponerse en contacto con ella.

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