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NOVELA 53


Amanda retorció entre sus manos un trozo de rama que había recogido del suelo y mientras Michael hablaba, ella se dedicaba sistemáticamente a hacerla pedacitos. Tenía tanto miedo y a la vez tantos deseos de saber que esta dicotomía perversa la ponía nerviosa y hacía que el corazón se le desbocase en el pecho. Varias veces Michael había apretado su mano como si quisiera darle fuerzas y ella la sentía helada entre las suyas. Reunió el valor necesario para hacerle una pregunta que le quemaba en la lengua desde hacía tiempo.
-¿Eres traficante de drogas?
-¿De dónde has sacado esa estupidez? –le preguntó Michael con los ojos abiertos como platos. Sabes que no bebo, que no fumo ni siquiera un cigarrillo y que soy fanático del deporte y la vida sana. ¿Estás loca?
Ella se encogió de hombros y después de mucho dudar le contó la escena que Javier le había relatado. Es verdad que él nunca había mencionado las drogas de manera clara, pero se daba por supuesto.
Michael suspiró y agarrando la cara de Amanda entre sus manos la acercó a la suya y besó despacio sus párpados, luego la nariz y por último la boca.
-Ay, mi tontita. Siempre dispuesta a creer todas las tonterías que te cuentan. Esa escena fue verdad, estuve en ese lugar. Pero no vendiendo droga ni comprándola, ni siquiera haciendo negocios turbios.
Se detuvo; dio varias vueltas al reloj de acero que llevaba en la muñeca izquierda y al final se lo quitó y según una costumbre que tenía se lo colocó en la derecha.
-Es más complicado que todo eso, y hace tiempo que necesito decírtelo, pero no encontraba nunca el momento o no quería contártelo. Si, debo de ser un cobarde, porque me daba miedo hablarte con claridad.
-Me estás asustando, Mike. ¿Es que eres un asesino a sueldo?
De nuevo se echó a reír. Aquella mujer le podía. Era tan inocente, tan niña a veces que desde lo más hondo le nacían unas ganas tremendas de guardarla entre sus brazos y esconderla de toda la fealdad y la maldad del mundo. Pero sabía que eso era totalmente imposible.
-Todo es más sencillo, o más complicado, depende de cómo se mire. Para tu tranquilidad, estoy del lado bueno de la ley, aunque en ocasiones me vea obligado a hacer algunas cosas que no están del todo bien. Pero intento hacerlo lo mejor que puedo. Soy-dudó antes de seguir, pero tras una vacilación continuó hablando-pertenezco a los servicios secretos británicos y desde hace un tiempo colaboro también con los españoles. Es verdad que tengo negocios, como el de la conservera y otros semejantes, pero también soy agente. Y como comprenderás, esto no se cuenta. A mí ya no me queda familia, con lo cual me resulta cómodo.
Amanda se había quedado callada. No sabía qué decir. De cuántas cosas se le habían ocurrido en sus largas noches de insomnio, esta desde luego ni se le había pasado por la mente. De momento no había calibrado si era bueno o malo. Sólo sabía que el miedo le atenazaba el pecho.




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