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Mostrando entradas de julio, 2015

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 53

Me pidió que ya que la canela era afrodisíaca, los hiciese también para él. Le miré de reojo. Y le contesté que no pensaba que él necesitase afrodisíacos, aunque si quizá tomarse una tila o algo que le quitase los malos humos. Sonrió, imperturbable, pero siguió mirando a la carretera sin decir nada. Mentiría si no confesase que estaba algo enfadada por su salida de tono después de comer, aunque le entendiese. Pero me había tratado como si fuese una niña caprichosa que tiene una pataleta, cuando lo único que me pasaba es que estaba superada por el miedo, por la desgana y el desánimo de saber que me enfrentaba a una batalla ya perdida de antemano. ¿Cuántas personas en mi situación lo único que habían conseguido era alargar unos meses el proceso final? Intenté explicárselo de nuevo, pero me frenó en seco, aunque esta vez sin gritar.
-No voy a permitir que te regodees más en tu propia desgracia, querida. Vamos a actuar con lógica: primero…

NOVELA 83

Amanda había leído muchas veces ese poema, a solas y con Michael. Lo encontraba muy acertado. En la vida a veces eso que tanto deseamos alcanzar, al final no representa tanto como esperábamos, pero quizá durante el camino que empleamos para alcanzarlo, ahí mismo está la Verdad. Una Verdad que en ocasiones no somos capaces de ver, a pesar de que la tenemos delante.
Por enésima vez pensó si no estaría desperdiciando su vida, tejiendo y destejiendo, cual Penélope. ¿Y si Ulises no lo mereciese? Le pegó un puñetazo a la almohada y se maldijo a sí misma por ser tan cabezota, a Vera, por decirle lo que ella nunca hubiera querido saber; pero sobre todo maldijo a la tía Irene por haberle legado unos genes estúpidos que la hacían enamorarse del menos apropiado. Y también maldijo a Paul, por haber entrado hacía tantos años en la vida de Irene, y por haber engendrado a Michael, tan igual a él en las cosas peores.
Sabía que aquella noche ya no pegaría ojo, así que se levantó de la cama, se echó …

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 52

Yo soy y he sido siempre muy supersticiosa, pero no el sentido en que la gente lo es. Es decir, no me asustan los gatos negros y me encantan los martes y trece; pero hay pequeñas cosas que me llenan de pánico y me hacen totalmente irrazonable, sin que sepa expresar por qué. En los momentos en que todo va bien, cuando estoy en paz conmigo misma y me digo que soy afortunada, empiezo a pensar si de verdad lo merezco, y que quizá después del goce venga el castigo. Creo que me ocurre porque cuando era pequeña y me reía mucho por algo, mi madre siempre decía la misma frase lapidaria: “veremos si tantas risas no traen llantos”. Esa sensación la tuve al final del día, cuando con todas las luces apagadas y solo con el resplandor del fuego, estábamos juntos Daniel y yo, él con la cabeza en mi regazo, tomando los dos una copa de vino. Estaba acariciándole el pelo, pensando en lo afortunada que era de haber conseguido, cuando menos lo pensaba, encont…

NOVELA 82

Estaba empezando el verano y los huéspedes llegaban sin cesar. Aquel incipiente negocio que había iniciado con miedos estaba yendo mucho mejor de lo que ella esperaba, e incluso le proporcionaba unas respetables ganancias. A mediados del mes de julio Amanda se dio cuenta de que necesitaba más personal. El trabajo las superaba, a ella y a las chicas. Delfina había mejorado mucho pero ciertas tareas todavía no era capaz de cumplirlas, o al menos no sola. Le resultaba impensable que ella recibiese a los huéspedes, porque todavía no se había quitado del todo el pelo de la dehesa y podría soltarse cualquier cosa que se le pasase por la cabeza. Sin embargo, estaba demostrando ser buena pinche de cocina, y había mejorado mucho en cuestiones de limpieza y organización. Carmen era su brazo derecho, pero no podía confiarle ciertas tareas administrativas; se llevaba regular con los ordenadores. Por eso se decidió a poner un anuncio en el periódico para contratar a alguien más.
En la primera s…

ESCUDO

De jirones de mi carne ensangrentada,
de trozos de mi alma atados
entre ellos con lágrimas,
de pedazos de mi corazón
ensartados en una espada,
de todo eso estoy tejiendo
una especie de chaleco antibalas.

Aunque a veces pienso que más
se parece a una coraza,
hecha con metal de nubes
y gritos que huelen a plata.

Y en cada momento, amor mío,
mi eterno desvelo, mi corazón
entero están contigo:
aunque para ello tenga que
atravesar valles y vadear ríos.

Y para que nada te dañe seré
yo tu escudo, quien te guarde
del viento y del frío,
quien vele tu sueño en invierno,
quien mantenga siempre
caliente y seguro tu nido.

ÍTACA

Cuando vuelvas a Itaca
no hagas que el viaje
sea largo, amor.

No escuches a las sirenas
aunque te atraigan
con sus sonoros cantos,
y tampoco permitas
que encalle tu barco
en las rocas ni que
te atrapen los cíclopes
o que te traguen las olas.

Cuando vuelvas a Itaca
amor, solo recuerda
el suave susurro de las caracolas
y a quien te espera tejiendo
y destejiendo mantos hechos
de bruma que se funden con
besos de espuma nacidos
al amparo de la aurora.

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 51

Al día siguiente, después de comer, se marcharon Carlos y Elia. Les despedimos todos en la puerta y yo le recomendé mil veces a mi cuñada que condujese con cuidado, pero sabía que era tiempo perdido. Correría como una loca y sólo me quedaba rogarle a Dios que llegasen a casa bien. A Carlos le abracé y le dije que les esperábamos en verano, como todos los años. Nada había cambiado, y en todo caso, si lo había hecho, era a mejor. Diego y Elia se dieron un beso formal en la mejilla, pero estaba segura que la verdadera despedida había tenido lugar antes, y a solas, como tenía que ser. Era pronto para aventurar nada, pero les quería mucho a los dos, y me llenaría de dicha saber que podían ser felices juntos. También Diego se marchaba, pues al día siguiente tenía consulta y quería estar en la clínica desde muy temprano. Antes de irse le hizo recomendaciones a Daniel, para que siguiese tomando los antibióticos, y a mi me citó para dentro de tres días, para hablar con el cirujano plástico ac…

NOVELA 81

Aquella mañana el trabajo era mecánico: hacer camas, preparar habitaciones, hacer luego los almuerzos de los huéspedes que comían en el hotel. Mientras arreglaba las habitaciones no tuvo tiempo a pensar en nada; le tocó trabajar con Delfina, la chica nueva, y por enésima vez intentó que pareciese menos asilvestrada. No quería despedirla, sabía que en su casa el dinero era muy necesario porque su padre había muerto y su madre estaba delicada de salud. Dependían de lo que ganase pescando su hermana mayor y del sueldo de la propia chica.
-Señorita, ¿para qué hay que cambiar las sábanas cada día? En mi casa se hace una vez en semana.
Amanda suspiró, cansada. Le había pedido mil veces que la llamase por su nombre y no señorita, pero no había manera humana de hacérselo entender.
-Esto es un hotel, Delfina, y los huéspedes deben sentirse mejor que en su casa. Si no, allí se hubiesen quedado y entonces nosotras, ¿De qué viviríamos?
-Pues en el pueblo se dice que usted es muy rica y no nec…

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 50

A la luz de lo que sucedió en la cena me hacía gracia pensar en las palabras que Daniel había pronunciado sobre Carlos. Nos quedamos un rato en nuestro cuarto, simplemente abrazados y disfrutando de un momento de soledad. Era agradable tener la casa llena de gente, pero también estábamos necesitados de algo de intimidad.
Una hora más tarde los seis nos reunimos en torno a una mesa primorosamente dispuesta por Úrsula. Había preparado una buena cena, señal de que cuando yo trasteaba en la cocina, aunque parecía no fijarse en nada, en realidad si lo hacía. Se esponjó ante las alabanzas que todo el mundo hizo de la comida y ella empezó a contar lo mal que se comía en América, y cómo no sabían hacer nada decente aparte de barbacoas y precocinados. Les miré a todos detenidamente y pensé que cada cual a su manera estaba intentado que las cosas fuesen por el buen camino. Se habían aceptado mutuamente los unos a los otros, e incluso algunos, como Elia y Diego, yo diría que lo habían hecho co…

NOVELA 80

Michael se marchó dos días después. Aunque ya debería acostumbrarse a las despedidas, Amanda no lo conseguía. Intentaba que él no la viese llorar, porque sabía que no le gustaba, pero igualmente las lágrimas le empapaban la cara por más que ella lo atribuyese al viento, a veces inexistente, o a que había pelado cebollas, o a que tenía los ojos irritados. Aquella mañana era todavía muy temprano y ella salió a despedirlo arropada con el albornoz, recién salida del baño. Le abrazó y se puso de puntillas para acariciarle la cara.
-No te quites la cruz cuando estés trabajando-le rogó.
Michael inició una protesta pero ella le atajó rápido, poniendo una mano sobre su boca.
-No me digas sandeces de que no crees en Dios. Él cree en ti, y yo le pido todos los días que te proteja. Ahora, vete, y no corras como alma que lleva el diablo. Y ya sé que a veces no podrás pero si puedes…
-Te haré saber de alguna manera que estoy bien. No te preocupes.
La besó y se marchó, dejándola en el jardín todav…

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 49

Me acerqué a ver a Daniel y como todavía dormía le dejé descansar. Pero mi hija si tenía que levantarse para almorzar. Toqué a su puerta, y al no contestarme entré despacio. Estaba dormida y el sueño hacía que pareciera todavía la niña que yo tanto añoraba. Cuando Úrsula nació me propuse que como madre sería todo lo contrario de lo que la mía había sido. Nunca le escatimé mi tiempo ni mis caricias, y cuando ella llegaba a casa del colegio dejaba en el momento lo que estuviese haciendo para darle la merienda, hacer con ella los deberes o para que jugásemos juntas. A veces he llegado a pensar que quizá la agobié demasiado con mis atenciones, porque los padres a menudo intentamos ser tan perfectos con nuestros hijos que acabamos estropeando la relación. ¿Puede el amor ser excesivo? Siempre pensé que no, pero ahora me lo estaba planteando. Me senté en la butaca al lado de la cama de mi hija, y en el silencio y la penumbra de este cuarto que con tanto cariñ…

NOVELA 79

Amanda no entendió la respuesta o quizá sí la entendió, y demasiado bien. Y por eso no le contestó. Sin decir nada se levantaron de la terraza en donde estaban y tomados de la mano dieron un paseo por el puerto. No era demasiado distinto del de su pueblo, solo un poco más grande y con menos caras conocidas. Ella, que siempre había vivido en la ciudad ahora se encontraba como pez en el agua en este ambiente tranquilo en donde el único problema era cómo sortear la curiosidad y maledicencia a veces de los vecinos. Cada vez entendía más que su tía hubiese decidido refugiarse en la casa en que había nacido y en los lugares que conocía desde niña. Respiró profundo y sintió como la brisa marina entraba en sus pulmones e invadía su cuerpo y su sangre. El olor se mezclaba con el de Michael. Usaba siempre el mismo perfume y ella, aunque a nadie se lo confesaría porque le daba vergüenza, había comprado un frasco y cuando él no estaba, es decir, casi siempre, ponía unas gotas en su almohada y al…

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 48

Le hice caso, y a pesar de sus protestas, conseguí que se metiese en la ducha. Me fui a la cocina y cuando volví con un chocolate que quemaba de tan caliente, le encontré en la cama. Le tendí la taza y bebió. Todavía le castañeteaban los dientes.
Le pasé la mano por el pelo.
-Gracias. Ya sé que es decir poco, pero es que no se como decirte cuanto significa para mi lo que has hecho.
-Lo que tenía que hacer. Es tu hija y si tú la quieres, para mi es lo más importante del mundo, después de ti. Ya conseguiremos, poco a poco, que cambie.
-¿Había hecho alguna tontería?
-Aparte de beber como un cosaco creo que no. Diego ha traído tu coche. Y ella mañana estará echa unos zorros. Antes de venir a casa le hicimos tomar dos tazas de café bien cargado y vomitó hasta la última papilla.
-Voy a ver como está y luego me acuesto.
-No tardes.
Úrsula estaba en la cama, durmiendo la mona. Sus tíos salían ya de la habitación. Diego me contó lo que ya sabía por Daniel, pero además me enteré de que cuan…

NOVELA 78

Michael untó su tostada de mermelada y mantequilla con parsimonia, ajeno a las miradas de Amanda requiriéndole que empezase. Cuando ya se había tomado el segundo café fue cuando comenzó a hablar.
-Irene lo pasó muy mal al principio de conocerme. No sabía cómo actuar conmigo y creo que la mataba el remordimiento. Por mi madre-aclaró, innecesariamente. Pero poco a poco, a pesar de que sólo era un niño, le fui demostrando que no tenía motivos para padecer. En realidad, el matrimonio de mis padres nunca fue demasiado bien, y tu tía no lo rompió porque ya estaba roto antes que ella apareciese.
-Háblame de Elena-le pidió ella en voz baja.
Michael se ajustó las gafas y movió la silla para estar todavía más cerca de Amanda. Le tomó las manos entre las suyas.
-Elena fue lo mejor que me pudo haber pasado en la vida y sólo por eso tendría que adorar a su madre. Ya sé que la mayoría de la gente diría que una niña así era una carga, y en cierto modo tendrían razón porque se pasaba la mayor par…