13 de julio de 2015

ÍTACA ETERNA






Hace dos años emprendí
el camino a Ítaca y
allí me quedé un tiempo,
tejiendo y destejiendo,
esperando, siempre
empapada en lágrimas
a veces no derramadas.

Entre tanto atisbé brumas,
lagos y monstruos que no
existían más que en mis
sueños; viví de realidades
que no había, padecí
tormentos que no merecía.

Pero pese a todo, de muchas
soledades, de penas y agonías,
fui feliz por un tiempo
y el viaje a Ítaca se me
hizo corto, porque entre
tu azul y mi azul el tiempo
es tan eterno
como la nieve en la cumbre,
como el frío en invierno.

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