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MIENTRAS LLEGA MAÑANA 32


-¿Por qué lo has hecho? No era necesario.
Se encogió de hombros. Estaba cohibido delante de mí, y pude entenderlo perfectamente; al tiempo que entendí que hacía falta mucho valor para hacer lo que hizo.
-De cualquier modo, gracias-le dije. Quiero que sepas que comprendo que te habrá costado mucho dar este paso; y lo aprecio en lo que vale.
-Ha sido también por egoísmo; la barba me separaba de ti.
Nos sentamos a comer, pero ninguno de los dos habló demasiado. Ambos estábamos en una posición un tanto extraña, aunque cada uno a su manera: yo me encontraba abrumada por un gesto de su parte que me demostraba cosas que me disipaban dudas; y él porque tenía miedo; un miedo que yo entendía demasiado bien, porque era lo mismo que yo sentía. A media comida nos miramos, y supongo que vimos el lado cómico de la situación, que también lo tenía, porque nos echamos a reír.
-¿Te imaginas mañana lo que vamos a parecer cuando vayamos a la clínica? Vaya pareja.
-Si, seremos el blanco de todas las miradas. Y bien pensado, que nos miren hoy ya. Te invito a cenar esta noche, y a bailar.
-Estás chalado. ¿Tú sabes bailar?
-No, ni falta que me hace. Mira, siempre he pensado que el baile se inventó como una manera aceptada de abrazar a personas a las que de otra manera no te estaría permitido abrazar. Haz un experimento: colócate en una sala de baile, tapa los oídos y mira a tu alrededor. ¿Qué es lo que ves? Parejas que se abrazan, no hay otra cosa.
-Visto así…Pero, ¿cena y baile en miércoles? ¿Dónde hay eso?
-Ah, soy un hombre informado. No es un miércoles cualquiera, sino miércoles de Carnaval, y en el restaurante adonde fuimos aquella vez celebran la semana gastronómica del lacón o algo así. Y hoy hay una cena con baile incluido. Así que ya estás preparando un pañuelo de fiesta.
Le eché una mirada dudosa mientras recogía la mesa. Por una parte, me apetecía demostrarme a mi misma que a pesar de la enfermedad, seguía siendo una mujer que podía arreglarse, salir y divertirse de nuevo; pero por otra parte, me daba pánico exponerme de esa manera a los ojos de la gente. Sin embargo, cuando le miré y pensé lo que él había sido capaz de hacer por mi, decidí que también yo tenía que ser valiente.
-Vale, iremos. Pero entonces yo me marcho a dormir la siesta, porque me temo que no tendré fuerzas si no me recupero algo. Ha sido un día de muchas emociones.
-Me parece bien. Y yo me pondré a trabajar un par de horas.
Me avergüenza confesar que me pasé más de dos horas, después de despertarme, metida en mi cuarto, revolviendo todo el armario para decidir qué ponerme. Nunca he sido demasiado vanidosa, pero esta ocasión merecía algo especial, y tenía que encontrar algo bonito, sofisticado y elegante, pero con lo que no se notase que me faltaba un pecho. Tenía muchos vestidos preciosos y adecuados para salir de noche, pero la mayoría eran ajustados al cuerpo o tenían escote. Al final, después de muchas dudas y de probarme medio armario, me decidí. Unos leggins negros y una blusa de seda, de fondo negro, con pequeños dibujos escarlata y oro. Y ya solo me quedaba pensar en el pañuelo. Ninguno de los que tenía me gustaba, y eso que me los probé todos. Ya un tanto desesperada, me pasé a los turbantes, y después de algunos intentos infructuosos, me decidí por uno negro, que se cerraba con un broche dorado. Y ahora quedaba lo más complicado; tratar de esconder la sequedad de la piel bajo una capa de maquillaje que debería ser suficiente, pero discreta. Resalté los ojos, y en los labios solo me di brillo.
Cuando salí Daniel ya debía de llevar un buen rato esperando, pero la mirada que me dedicó me hizo pensar que la espera le había merecido la pena.

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