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NOVELA 69



Apoyado en una pared llena de mugre y de pintadas el anciano daba caladas a su cigarro y de vez en cuando se llevaba a los labios el cartón de vino barato. Una parte de su contenido iba a parar a su camisa mugrienta, donde se mezclaban manchas añejas con las nuevas. Todo él desprendía el hedor de la miseria, del abandono, de la tristeza y sobre todo de esos a los que ya no queda más que dejarse vencer por la vida. Sus ojos turbios de pesar y de alcohol se entrecerraban por momentos, quizá en una corta cabezada etílica, pero de pronto parecía volver en sí y los fijaba en los transeúntes que le sorteaban en la acera. Llevaba allí todo un día y para algunos se había convertido en parte del mobiliario urbano. Cuando la noche empezó a abrirse paso el viejo se levantó con esfuerzo, recogió sus cartones, los plegó con cuidado y los guardó en la esquina, debajo de una piedra. Se fue con su andar renqueante, mascullando para sí mismo. A dos manzanas de allí estaba la estación de tren. Sin hacer caso de las miradas desdeñosas de los que salían y llegaban también él se mezcló en el tumulto de sombras y en cuanto pudo entró al baño. Echó el pestillo y de la mochila apestosa que arrastraba consigo sacó unos vaqueros y una camisa; se despojó de los guiñapos y los arrojó a la papelera. Lo mismo hizo con la peluca y la barba postiza, y tras una concienzuda refregada salió a la luz de nuevo su piel blanca y los ojos claros. Quien tomó el tren quince minutos más tarde era un hombre completamente distinto; al que muchos conocían como Michael Field o con algún otro nombre, dependiendo de la ocasión.
Aunque el día había sido cansado y aburrido a partes iguales, también podía calificarse de provechoso. Aprovechó el trayecto, de poco más de una hora, para escribir el informe. En cuanto llegase al hotel lo enviaría a la central y que ellos valorasen lo que había visto, escuchado, grabado y fotografiado. Eso ya dependería de los analistas, pero sus años de servicio le decían que era importante. Antes de subir al tren tuvo tiempo de acercarse a la pequeña oficina de correos y enviar un paquete a la dirección de la conservera. Había pasado ya casi una quincena desde la última comunicación con Amanda y no deseaba que sufriese innecesariamente. Nadie le había calado tan hondo como ella. Y aunque por motivos de trabajo dos veces y otra por propia iniciativa, se había acostado con otras mujeres, en el fondo sólo había sido un puro desahogo físico, algo así como la comida enlatada cuando el comensal está acostumbrado a la buena mesa. Había algo en la dulce e inocente entrega de Amanda que no podría encontrar en nadie más. Estaba habituado a las mujeres duras, interesadas; que le buscaban de la misma manera que él a ellas; por el mero egoísmo y un rato de placer. Lo de Amanda iba mucho más allá. Y le daba miedo. Pero sabía que era demasiado tarde para dar marcha atrás. Sólo le quedaba seguir adelante y cargar con las consecuencias, fuesen cuales fuesen.






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JOHNNY Y JUNE

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Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

ESPERA

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trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
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Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.