18 de julio de 2015

NOVELA 71


Apenas se había tomado el primer sorbo de su café con leche cuando Miguel Tagle se sentó a su lado. Su compañía no le era desagradable; le parecía muy simpático; pero en aquellos momentos temió que le sacaría temas sobre los que no deseaba hablar. Sin embargo, años de buena educación hicieron que le sonriera con agrado.
-Espero no molestarte. La verdad es que me alegra verte porque así me ahorro un viaje.
-¿Ah sí?-preguntó ella, haciéndose la tonta.
Miguel estalló en una carcajada y entonces Amanda también se rio. Si había algo que rompía todas sus defensas era el sentido del humor.
-Sabes que hoy Inma se muda a mi casa.

Asintió con la cabeza, sin decir nada, esperando que fuese él quien rompiese el fuego. Y no la defraudó.
-¿Y te parece mal, bien, regular?
Amanda se encogió de hombros.
-Mira, no sé lo que Inma te ha contado. Me pareces una persona estupenda y el mejor hombre que Inma podría haber encontrado. Estoy contenta por los dos. Pero…
-Pero…siempre tiene que haber algún pero-objetó él.
-En este caso, Miguel, el pero nada tiene que ver contigo. No sé lo que Inma te ha contado, en todo caso juega con la ventaja de que tú la quieres y de que ella ha hablado primero. El pero que yo pongo, sin tener derecho a ello, es que le está ocultando a un hombre que va a ser padre. No me parece moral ni correcto. Sin embargo, eso es cosa suya y de manera alguna, como ella ha insinuado, estaría yo dispuesta a contar un secreto que no me pertenece. Yo he dicho lo que pensaba y a partir de ahora-hizo un gesto como si se lavase las manos-como Pilatos.
-Te entiendo-le respondió él. No creas que no he hablado con ella en ese sentido, pero al fin y al cabo, tiene la última palabra.
-Así es. Por lo tanto, disfrutad de vuestro amor y ya sabéis, ambos, donde estoy. Inma me prometió que sería la madrina del bebé. Vaya manía que le ha dado con no querer saber su sexo-resopló.
Miguel encendió un cigarrillo y le dio una honda calada.
-Ya sabes que el padrino será Javier. ¿Te supone algún problema?
Ella sacudió la cabeza.
-Ninguno. Me parece lo más normal. Es tu mejor amigo.
-Sí, pero ambos sabemos lo que siente por ti.
Amanda jugó con el cierre de su bolso y escondió así la mirada mientras les repetía que todo estaba bien.
Se despidieron al poco rato y ella, sin perder tiempo, se encaminó al hotel, en donde dio unas instrucciones a Carmen y le dijo que se iba a retirar durante una hora a su casa, que nadie la molestase si no era algo importante. Se encerró en su habitación y con manos temblorosas abrió el paquete. Como el otro, estaba lleno de folletos, propaganda y un nuevo presupuesto. Pero al fondo del paquete había una rosa seca, la misma que ella le había dado cuando se fue; y también una hoja de papel arrancada de un libro. Era el poema de Burns “Auld Lang Syne”, lo cual la dejó con una sensación de alivio, pero también preocupada. No podía ocultar su alivio porque esto significaba que estaba vivo. Pero al enviarle este himno podía querer decir dos cosas: o que su próximo destino sería Escocia, o tal vez que tardaría en volver; porque además de usarla en Año Nuevo, los escoceses cantaban esta canción cuando se despedían por un largo tiempo. Apretó contra su pecho la hoja de papel y rogó por lo primero, porque se fuese a Escocia, y a ser posible por corto tiempo. Como había hecho con el otro paquete, lo quemó todo para no dejar ni un solo rastro.




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