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SAMANTHA



Creo en la reencarnación. Sé que cuando me muera volveré convertida en…algo o alguien. También Creo en Dios, en el que me han enseñado a creer de pequeña. Y no, no es contradictorio, o quizá sí, pero es que yo soy una contradicción con nariz, boca, ojos, piernas y brazos.
Por eso ruego siempre a mi Dios que no haga que me reencarne en hombre. No lo soportaría. Casi que prefiero ser un escarabajo pelotero que un tío. Y no es que les odie, que quede claro, me suelen caer bien y es más, creo que en general son buenas personas, aunque pelín simples. Pero es por algo distinto…no soportaría tener que ir vestida de una manera aburrida, no poder ponerme unos buenos tacones o un maquillaje y sobre todo tener que estar siempre fingiendo que nada me afecta y que soy muy macho. Ay, no, por favor, menudo cansancio.
Yo quisiera volver a ser mujer de nuevo. Y ya si puedo pedir medir un metro ochenta y tener el pelo rizado…mejor. Pero si eso no puede ser, me gustaría volver en forma de un animal. He dudado de cual. Me gustan los perros, pero son demasiado fieles, dan la vida por su amo y al final creo que sufren bastante. Y yo con sufrir en una vida tengo suficiente. Karma sí, pero en dosis.
Así que pensando y pensando…me pido ser gato. O tigre, que es más fuerte. Felino, al fin y al cabo. Los gatos van a lo suyo, dan su cariño cuando quieren y a quien quieren y no dudan en sacar las uñas cuando se les molesta. Son independientes, no necesitan de nadie y…tienen siete vidas. Decidido, quiero ser gato. Encima, suelen tener unos ojos preciosos. Les gusta ronronear, como a mí cuando estoy bien, les gusta estar dentro de la casa al calorcito en un cómodo almohadón, prefieren el pescado a la carne…
Gato, o mejor gata. Y si también me dejan elegir nombre…quiero llamarme Samantha. No sé por qué. Me suena bien.

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JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.