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Mostrando entradas de agosto, 2015

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 8

Dormí poco aquella noche; me pasé casi todo el tiempo dando vueltas y aporreando la almohada esperando encontrar la postura cómoda que me permitiese conciliar el sueño. Le había pedido a Alexander que no me llamase, y él, siempre obediente, me había hecho caso. Lo único que hizo fue enviarme un correo electrónico diciéndome que como llegaba antes, me recogería en el aeropuerto. Me deseaba feliz vuelo. A veces he de reconocer que me incordiaba esa manera de ser suya, tan cortés, tan educado…me daba la sensación de que con tanta cortesía me alejaba de su vida. Le di una patada al cojín que tenía al lado y otro porrazo a la almohada; enfadada conmigo misma por estar siempre inventándome películas y motivos para preocuparme.
A la mañana siguiente a las diez en punto Claudia estaba esperándome en la calle con su reluciente Mini amarillo y una sonrisa pintada en su cara de niña inocente. Había …

DECISIONES 9

Después de tomarse dos cafés Laura pensó que ya era hora de que se vistiese de una vez y dejase de vagar por la casa en pijama. Ese era otro de los motivos por los que se había dado cuenta de que le estaba perdiendo el gusto a la vida. Unos cuantos años atrás, en realidad muy pocos, se hubiese dejado torturar antes que estar en casa a las once de la mañana en pijama, zapatillas y con el pelo revuelto. Y ahora lo hacía casi a diario. Ese era un síntoma de decrepitud. Acabaría por comer sopa directamente de una lata y bañarse de higos a brevas, como las viejas. Se estremeció sólo de pensarlo. Al menos seguía teniendo un poco de vergüenza y cuando salía a la calle lo hacía perfectamente vestida y peinada.
Y eso era lo que ahora tenía que hacer. Salir a la calle. Tenía que comprar café, el periódico y naranjas. La prensa podía leerla en internet, pero no era lo mismo. Le gustaba el olor a tinta de las hojas, y luego las aprovechaba para limpiar los cristales. Era de una generación a l…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 7

Dos días antes de ir al encuentro de Alexander tenía por delante varias cosas difíciles: un caso complicado en el trabajo, comprarme ropa adecuada para el viaje y la sesión de tuppersex con las chicas. Lo del trabajo al final se solucionó mejor de lo que yo pensaba y esto me dio una cierta tranquilidad para los otros cometidos que debía emprender. Pero quizá, por una vez en la vida me olvidé de la ley de Murphy y fue demasiado optimista. Y el optimismo nos quita la prevención y nos hace ser descuidados y cometer errores. El primero que cometí fue irme de compras con Sara Patricia y Luisa Fernanda. Para esas cosas delicadas lo mejor es ir sola, pero el mal ya estaba hecho. Salí de trabajar a las tres y quedamos para comer algo en el centro comercial al que solíamos ir siempre. El primer problema se presentó con la elección del restaurante. Yo quería comer algo rápido, una ensalada o un sándwich, pero mis amigas decidieron que nos teníamos que d…

DECISIONES 8

En esa ocasión lo único que hizo fue darse un paseo virtual y ver más o menos de qué iba la cosa. En algunos apartados se limitaban a dar consejos de lo más variopintos para terminar con la vida e incluso había personas que relataban sus intentos; frustrados, naturalmente. Se fijó en la última persona que había escrito algo. Era una mujer cuyo Nick era Mortem y si contaba la verdad, solo tenía veinte años. Laura era poco impresionable y sabía lo bastante del mundo de internet para sospechar que la mayor parte de la gente mentía en todo; en su edad, en su sexo…Al fin y al cabo cada persona estaba parapetada tras una especie de cortina de humo que le hacía invisible y le protegía de los demás y hasta de sí mismo. Leyó los últimos mensajes de Mortem y por la manera de expresarse, juraría si se lo pidiesen que de verdad era joven. No sabía si tenía exactamente veinte años pero en su vida profesional había tratado lo suficiente con muchachos para saber que quien escribía así no estaba fi…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 6

Alexander me decía que eso eran recuerdos de un pasado o quizá premoniciones futuras, pero le rebatí estas ideas con sólidos argumentos: no había niños en mi futuro, ya no estaba en edad de ponerme a parir, sino más bien de que mis hijos me hiciesen abuela; y en cuanto al pasado, ¿cómo podía ser si nos acabábamos de conocer? Pero él me llevaba la contraria, convenciéndome por un momento de que dos personas con tanto en común como nosotros provenían no de una, sino de muchas vidas anteriores juntos. Aunque no me atrevería a confesarlo a nadie, empecé a tomarme en serio la idea, tal era el grado de afinidad que teníamos los dos.
No pude evitar hablarle a Alexander de mis hermanas perdularias. No habíamos vuelto a vernos desde aquel encuentro fortuito en el aeropuerto, pero él ya formaba parte de mi rutina diaria. Cuando llegaba a mi despacho a las nueve de la mañana lo primero que hacía era encender el ordenador y tomarme un capu…

DECISIONES 7

Hacía muchos años, cuando tenía treinta y pocos, tuvo un amante que estaba casado. Cuando iniciaron la relación ella no tenía ni idea, lo descubrió un tiempo después y por aquel entonces estaba ya demasiado inmersa como para dar marcha atrás. No le sentó bien que la engañasen, como es natural, pero sobre todo era una persona pragmática y se dijo a sí misma que el culpable de la situación era él. Ella no podía culparse de nada porque al fin y al cabo a nadie le había jurado fidelidad en un altar, a diferencia de él. Sin embargo, como en el fondo lo único que le movía era la pasión física, pronto dio el asunto por terminado. No le agradaba ser la otra. Cierto que tenía alguna cosa buena, como no tener que cocinar para él, ni lavar o planchar su ropa, pero en contrapartida sólo podía verle cuando él estaba libre y estaba harta de tener que esconderse de todo y de todos. Y también estaba el ligero problema de que era poco dada a compartir, ni cosas ni afectos.
La noche anterior estuvo r…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 5

Laura seguía viviendo en mi casa y por las noches, después de cenar, las dos en pijama, solíamos quedarnos hablando al menos una hora antes de irnos a la cama. No sé si ella era mi mejor amiga, porque suele suceder que el corazón no tiene medida y cuantas más personas admitimos en nuestra vida, más aumenta la capacidad de amar. Con cada una de mis hermanas perdularias tenía una relación especial, aunque a Laura era a la que conocía más a fondo. Habíamos sido siempre como hermanas y poco había que no conociésemos la una de la otra. Aquella noche habíamos ya cenado y recogido la cocina y ambas estábamos sentadas en el sofá, escuchando música, y hablando, recordando cosas del pasado y también pasando revista a nuestro presente.
-Supongo que lo del granjero ya está olvidado, ¿no?-quise saber.
Se encogió de hombros y se arrebujó más entre la manta con que se cubría. Eso era precisamente lo que solía hacer de pequeña cuando …

DECISIONES 6

Pero ni en España había pena de muerte ni volvió a saber nada más del presidario. Laura no era de esas personas que se enamoran perdidamente y luchan por su amor. Para empezar, lo que se dice enamorada nunca había estado, al menos que ella supiese, si se exceptuaba aquel compañero de estudios, y en realidad más que amor eran pocos años e ignorancia de la vida. Y tampoco era de las que luchaban a brazo partido por conseguir a alguien. Más bien era de las que se dejaban querer, pero si no veía de la otra parte un mínimo interés ponía pies en polvorosa. De joven pensaba que la vida era demasiado corta para perderla en correr tras quien no lo merecía. Y ahora mismo, lo que son las cosas, opinaba que su vida estaba siendo demasiado larga, pero sobre todo aburrida.
Si encontrase algo que la atrajese quizá se olvidaría de una vez por todas de suicidarse. Había probado ya unas cuantas cosas y ninguna la había llenado al cien por cien. Mientras tomaba café sentada en la terraza de su casa …

DEBILIDADES

Ella siempre guardaba sus sentimientos bajo una pátina de sarcasmo, pero los sentimientos estaban ahí, enterrados en su pecho. Cada mañana cuando se vestía no se olvidaba de colocarse la coraza bien prieta, para mantener a raya el sentimiento, el dolor, la pena, también la alegría en cierto modo. Y así iba sobreviviendo. No le iba mal.
Una tarde de domingo se olvidó de que solo le estaba permitido desnudarse de cuerpo y también se quitó la coraza, dejando el alma desnuda. Estaba muy arrepentida y no sabía cómo deshacer el entuerto. Dudaba si marcharse muy lejos, fingir que todo había sido una broma o convertirse en alguien que no era.
Ya había aprendido que no se podía mostrar a la gente con el alma en carne viva, igual que no podía salir a la calle sin gafas de sol. Pero lo olvidó durante un breve momento y ahora tenía que vivir con la vergüenza de que alguien la hubiese visto desnuda.
Pero así como no se puede recoger el agua derramada tampoco se puede retroceder. Siempre hay qu…

POESÍA

Arderás en un infierno
de pena infinita,
te perseguirán mis recuerdos
igual que el volcán enfermo
que escupe lava maldita.

Cuando te eché de mi vida
te llevaste contigo lo
que yo más quería,
me he quedado sin versos,
ya no tengo poesía.

Me has matado sin balas,
me has dejado vacía,
no puedo hacer versos,
me has robado la vida.

Ya Penélope no teje,
nada espera, tan solo
poder volver a escribir
algún día, y de nuevo
sentir en mis venas
la dulce droga de
estrofas y rimas, el
dolor suave con que
me cura unir palabras
entre cualquier alma
y la mía.

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 4

En la segunda reunión se presentó con un vestido de licra tan ajustado que a mí misma me quitaba la respiración, y la melena cual la de una leona en celo. Leticia me dijo en voz baja mientras preparábamos el café en la cocina que a ver que se pondría para una cita con un hombre cuando para verse con nosotras se vestía así.
-Tonta, más que tonta-le susurré pasándole la bandeja con las tazas. ¿Tú no sabes que realmente la mayoría de las mujeres nos vestimos para que las demás revienten de envidia? Al menos las malas.
-Ah, no lo sabía-confesó, sorprendida. ¿Tú también te pones esos vestidos de seda para fastidiarnos?
-No, mujer. Yo soy buena persona-dije, aviesamente, con algo de vergüenza al ver que ella asentía. Yo me visto así para verme bien en el espejo y sobre todo para que a mi ex le dé un patatús cuando me encuentro con él por la calle.
-¿Y no es para encandilar a ese memo con el que hablas horas por teléfono?
Enrojecí de ira y de pudor a un…