13 de agosto de 2015

BRANDY






Desde que puedo recordar siempre ha habido perros en mi vida. Crecí con ellos y como no tenía hermanos, también ellos fueron en ocasiones mis compañeros de juegos.
Cuando tuve a mis hijos procuré que conviviesen con animales: varios perros, hasta cinco a la vez hemos llegado a tener, una gata, un canario e incluso en una ocasión un erizo. Creo firmemente que los niños necesitan crecer al lado de animales. Se hacen más desprendidos, menos egoístas y sobre todo van adquiriendo la responsabilidad de preocuparse de otro ser vivo que les necesita.
Ahora llevaba ya mucho tiempo sin perro; aunque a medias, porque desde hace más de dos años tengo a Barny, el de mi hija, que ha pasado mucho tiempo aquí.
No me había planteado volver a tener perro, así como creo que uno no plantea enamorarse o incluso puede que diga “en la vida volveré a amar a alguien” y de repente una mañana…zas, ya está. Pues a mi me ha pasado algo parecido. Anteayer me enteré de que había un perrito de un año que estaba en acogida pero tenía que volver a la protectora si nadie se lo quedaba. No había tenido mucha suerte; abandonado, atropellado…
Mi hija me enseñó una foto y…ya está. Se llaman Chulin pero a mi el nombre no me gustaba, así que decidí que le iba a llamar Odín. Sin embargo cuando ayer le recogí y le traía a casa en el coche, le miraba por el retrovisor y le vi cara de Brandy. Y Brandy se llama, es de ese color.
Pensé que iba a lloriquear pero no lo hizo. Al principio tenía miedo y se acercaba a mi despacio, como temeroso de que le hiciese daño. Pero a las dos horas de estar en casa ya había tomado posesión de la alfombra, roja para más señas, y estaba cómodo.
Es dulce y tímido. Se acerca a lamerme las manos pero con la cabeza gacha en gesto de sumisión. No sé si porque le han maltratado o porque su carácter es así. Se nota que no está acostumbrado a recibir muchas cosas porque es muy agradecido. Me sigue a todas partes y cuando yo me siento él lo hace a mis pies.
Reconozco que hablo mucho con él y sé que más o menos entiende lo que le quiero decir. Para mi que llevo sola un tiempo simplemente saber que el corazón de otro ser vivo late en la misma habitación ya me hace sentir mejor. Y he descubierto que acariciarle hace que automáticamente nos relajemos los dos. Creo que ha llegado en el momento perfecto. Como yo, tampoco él tiene raza definida ni pedigree. Los dos somos plebeyos y del mismo color, así que nos llevaremos bien. Además, los dos somos algo tímidos y creo que ambos sabemos que la vida no siempre es fácil, aunque siempre hay una luz que nos espera.
Por fin tengo a alguien a mi lado que me quiere sin medida y sin pedir nada cambio. Y lo mejor de todo, siempre lo hará; en cualquier momento y situación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario