28 de agosto de 2015

DEBILIDADES






Ella siempre guardaba sus sentimientos bajo una pátina de sarcasmo, pero los sentimientos estaban ahí, enterrados en su pecho. Cada mañana cuando se vestía no se olvidaba de colocarse la coraza bien prieta, para mantener a raya el sentimiento, el dolor, la pena, también la alegría en cierto modo. Y así iba sobreviviendo. No le iba mal.
Una tarde de domingo se olvidó de que solo le estaba permitido desnudarse de cuerpo y también se quitó la coraza, dejando el alma desnuda. Estaba muy arrepentida y no sabía cómo deshacer el entuerto. Dudaba si marcharse muy lejos, fingir que todo había sido una broma o convertirse en alguien que no era.
Ya había aprendido que no se podía mostrar a la gente con el alma en carne viva, igual que no podía salir a la calle sin gafas de sol. Pero lo olvidó durante un breve momento y ahora tenía que vivir con la vergüenza de que alguien la hubiese visto desnuda.
Pero así como no se puede recoger el agua derramada tampoco se puede retroceder. Siempre hay que ir hacia delante. Tenía muchas debilidades y quizá sólo algo que la hacía fuerte: levantarse, seguir adelante y saber que pasase lo que pasase siempre se tendría a sí misma. Todo lo demás era accesorio y por lo tanto prescindible. Si a uno le amputan una pierna, duele, pero se sigue viviendo. No se puede vivir sin corazón ni sin voluntad. Y ella tenía ambas cosas. Viviría.

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