17 de agosto de 2015

DECISIONES 1


La idea se le ocurrió una tarde luminosa de mayo, paseando por el bosque que lindaba con su propiedad. Sabía que eran montes comunales, pero de alguna manera los consideraba también un poco suyos. Al fin y al cabo, llevaba toda una vida viéndolos nada más levantarse. A Laura las teorías solían parecerle casi siempre estúpidas y sin sentido, al igual que esos estudios tan tontos que hacían las universidades con el mero afán de gastar un dinero que iría mucho mejor aprovechado en otras cosas, como por ejemplo enseñar a escribir correctamente a esa panda de universitarios que cometían tantas faltas de ortografía que era imposible llevar la cuenta.
Había sido maestra toda su vida y su espíritu se rebelaba contra quien despreciaba las oportunidades de aprender. Y en cuanto a esos estudios, ¿para qué demonios había que gastar tiempo y presupuesto con el fin de decir que el enamoramiento no dura más allá de cuatro meses? Almas de cántaro…eso lo sabía todo el mundo que tuviese algo de sesera, y de años, claro. A los veinte e incluso a veces a los treinta es fácil confundir las crisis hormonales y ansias de apareamiento con algo que no tiene nada que ver y al que pretenden llamar Amor.
No podía negarse que es muy bonito y hasta cierto punto elegante dotar de elevados sentimientos a lo son solo deseos de una relación con el otro sexo, o con el mismo, dependiendo de los gustos de cada cual. Y cuando la atracción física va dejando paso a la realidad es cuando se empiezan a ver en el otro los defectos, las cosas negativas. Lo que al principio parecía tan sólo una respiración profunda acaba convirtiéndose en un ronquido de jabalí, que resulta a todas luces insoportable. Y esa tendencia a estar hablando continuamente y que al principio es divertida, poco después se califica de incontinencia verbal. No hay nada que abra tanto los ojos como la convivencia. Para llegar a estas sensatas conclusiones no hace falta ningún estudio universitario. Su propia abuela, que no había tenido demasiada instrucción, lo había repetido cientos de veces.
Por eso no le sorprendió que la idea le llegase en una tarde cálida y con el cielo limpiamente azul. ¿Por qué las ideas de suicidio deben llegar siempre en grises días de noviembre? No es imprescindible. Ni tampoco es necesario que uno sea infeliz para desear quitarse de en medio. Ella no era feliz, pero tampoco lo contrario. Simplemente llevaba unos años vegetando más que viviendo. Y sobre todo, estaba cansada. Ya no había nada que de verdad la sorprendiese ni que le diese ganas de seguir adelante. No tenía a nadie que fuese a echarla de menos. Nadie la lloraría ni habría panegíricos en su entierro. Quizá algún alumno suyo la recordase con algo de cariño, pero nada más.
Era una idea. Y cada vez le resultaba un poco más atractiva. Sin embargo, ella nunca tomaba decisiones precipitadas. Como todas las cosas que le cambiarían la vida, y en este caso nunca mejor dicho, porque acabarían con ella, había que pensarlo despacio y sopesar las variadas posibilidades.

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