7 de agosto de 2015

MIENTRAS LLEGA MAÑANA 59



Aunque mi salud había mejorado mucho y estaba haciendo una vida casi normal, me preocupaba no tener la misma fuerza de antes en el brazo izquierdo y cuando lo hablé con Diego me aconsejó unas sesiones de fisioterapia para recuperar el músculo. Al sacar los ganglios de la axila era normal que ocurriese eso, según lo que me explicó. Había venido a verme y como Daniel no estaba en casa me atreví a plantearle el tema de la adopción que había hablado con Elia. Él estaba enterado, lógicamente; yo sabía que entre las parejas bien avenidas hay pocos secretos.
-¿Tú también opinas que estoy loca?-le pregunté, sirviéndole más café.
-Elia no cree que estés loca, y yo tampoco. Lo que si pienso es que estás hablando con todo el mundo menos con quien tienes que hacerlo.
-No le pienso decir nada, de momento, a Daniel. Tengo que madurar todavía la idea, y te recuerdo que Úrsula llega en una semana. Tendremos muchas cosas en la cabeza para que yo le plantee otro problema.
Se encogió de hombros, dándome a entender que no pretendía convencerme. Pero sabía que tenía algo más que decirme. O muy poco le conocía o había venido a verme por algo más que para saber como estaba.
-En cuanto Elia me contó vuestra conversación, he estado haciendo averiguaciones con un amigo mío que trabaja en la Consejería de Asuntos Sociales y sabe bastante del tema de adopciones.
-Y las noticias que me vas a dar no son buenas.
-Pues no, Elena. Sería muy difícil que en vuestras circunstancias pudieseis adoptar. Hay cientos de parejas más jóvenes esperando y pocos niños disponibles. Cabría la opción de adopciones internacionales, pero el proceso es lento y costoso. Y hay otra opción, que no se si contarte.
Le hice un gesto para que empezase a hablar. A estas alturas no se como Diego dudaba que hubiese algo que me asustase; dado que en apenas seis meses mi vida había dado un giro de ciento ochenta grados.
-Hay niños que nadie quiere adoptar, y aunque suene muy mal, ahí podría estar la posibilidad para vosotros.
-¿Te refieres a niños con algún tipo de enfermedad?
Asintió. Creo que no era capaz de decirlo en voz alta, porque al igual que a mi, le parecía cruel. Cuando una pareja va a tener un hijo por cauces naturales casi nunca sabe si será o no sano, y la mayoría aceptan lo que llega. Pero en las adopciones, a veces se enseñan niños a la carta y se elige hasta el color de ojos. Personalmente me parecía monstruoso, pero puede que tuviese su lógica.
-¿De qué enfermedades hablamos?-decidí que era hora de llamar a las cosas por su nombre.
-En estos momento hay unos cuantos niños seropositivos a los que va a ser poco menos que imposible que alguien quiera llevarse a su casa, ni siquiera en acogida.
Le pedí a Diego que me explicase mejor la enfermedad, porque como la mayoría de la gente, sabía pocas cosas y me temo que mucha de la información que tenía no era ni correcta.
-Bien, en esto de los seropositivos hay mucha leyenda urbana. De ningún modo resultan peligrosos por el tema de contagio; es imposible que la enfermedad se contagie si no es mediante un contacto sexual o a través de la sangre. En el caso de estos niños, son hijos de madres drogadictas que les han contagiado en la propia gestación. Ellos no han desarrollado la enfermedad, simplemente la transmiten en circunstancias especiales.
-Pero, ¿Pueden desarrollarla?
-Puede que si, pero con los controles actuales se tiende a medicarles bastante antes de que se llegue a desarrollar. Simplemente tienen las defensas bajas.
-¿Cómo Daniel?
-Bueno, no igual, pero si, es algo parecido. Están más expuestos a enfermedades infecciosas, pero no es que tengan que vivir en una burbuja de cristal.
Me quedé callada, pensando. Era algo complicado, hacernos cargo de un niño que tenía más riesgo que otro cualquiera de caer enfermo. Nosotros también teníamos nuestros problemas de salud. ¿Y si nos pasaba algo? Pero igualmente me preocupaba otra cosa, y se lo pregunté a Diego.
-Si no les adopta nadie, como parece que así será, ¿Qué tipo de vida llevarán?
-Se quedarán hasta los 18 años a cargo del estado, en un centro.
Todo lo que Diego me contó me dejó pensativa y triste el resto del día. Cuando Daniel volvió enseguida se dio cuenta, pero disimulé diciendo que estaba preocupada por la llegada de Úrsula y por mi sesión de mañana con el fisioterapeuta.
-Mi Nefertiti, la eterna preocupada-me dijo, burlándose. Si no encuentras problemas, los buscas, pero el caso es preocuparse, ¿verdad?
-No gruñas, que te saldrán arrugas. Vamos a cenar, que mañana tenemos que estar a las nueve en la consulta.
Me llevé una desagradable sorpresa cuando la fisioterapeuta, que se llamaba Emma y tenía aspecto de oficial de la SS, dejó fuera a Daniel, alegando que estaba acostumbrada a trabajar sola, que no le gustaban las distracciones. No se si pensaba que Daniel le cantaría un bolero para que no hiciese bien su trabajo. El caso es que aquello era mucho más doloroso de lo que yo había imaginado; y aunque odio quejarme, me iba poniendo nerviosa por momentos y notaba que a pesar de mis esfuerzos el brazo se me quedaba rígido.
-No puede ser. Así no se puede trabajar. Le he dicho que tiene que relajarse-barbotó la nazi, echando fuego por los ojos.
-Hago lo que puedo, pero no me resulta fácil. Tal vez si permite que mi marido entre…
Se negó, pero cuando vio que cada vez que iba quedando más rígida, resoplando de enfado como un Mihura, le dijo a Daniel, de malos modos, que entrase. Nada más verle a mi lado, cuando me tomó la mano libre y me acarició la frente, me relajé. Por fin el sargento iba a poder trabajar. Quedó tan contenta que al final de la sesión incluso nos obsequió con una media sonrisa.
En el coche Daniel se burló de ella sin piedad, y los dos nos reímos como locos.
-No sabía que te inspirase tanta confianza, Nefertiti.
-Eres mi Valium, mi Prozac, todo en uno. Cuando estuviste en Barcelona no llegarás nunca a saber lo mal que dormí. Por más que palpaba no te encontraba a mi lado y me despertaba un montón de veces en la noche.
-Me alegro de servir para algo.
Le miré con adoración. Me sabía mal ocultarle cosas, pero no era tiempo todavía de contarle mis dudas sobre la adopción. Era preciso que yo misma lo tuviese más claro para poder defender mi idea ante él. Nos entretuvimos planeando las cosas que haríamos cuando llegase mi hija. Le confesé que me daba reparo conocer a su novio, porque era la primera vez que me enfrentaba a algo así. Estaba acostumbrada al papel de nuera, que creo que no había hecho del todo mal; pero no me veía en el de suegra.
Estuve muy ocupada en los días siguientes, porque quería tener la casa a punto para cuando llegase mi hija. Y dos días antes de su viaje, Daniel y yo tuvimos que ir a Madrid. Le habían llamado para participar en un debate en la televisión. Diego decidió acompañarnos, y no pude menos que reírme cuando me di cuenta de que a pesar de que digamos que es la caja tonta y otras lindezas, basta que alguien a quien queremos o al que simplemente conocemos de vista salga en la tele, para que todos nos volvamos locos. Elia y Carlos también se sumaron a la fiesta, y desde luego creo que no hubo ningún invitado que estuviese tan bien arropado, en cuanto a acompañantes. Decir que estaba orgullosa de él era decir poco. Literalmente se me caía la baba escuchándole razonar y exponer sus argumentos frente a los demás contertulios. No pude evitar hacer un aparte con Elia.
-¿Verdad que es el que mejor habla de todos?
Ella sonrió de manera ladina, y se encogió de hombros.
-Si, si que lo hace bien. Pero para ti, aunque fuese tartamudo y no supiese ni de que habla, igualmente lo haría de maravilla.
-¿Insinúas que no soy objetiva?
-No, querida. Lo afirmo. Si, Elena, siempre has tenido ese defecto-se reafirmó. Las personas a las que tú quieres siempre son las mejores en todo, aunque no sea verdad.
-¿Os queréis callar?-nos amonestó Diego. Acabarán echándonos.
Le hicimos caso y prestamos atención al debate. Cuando todo se acabó nos reunimos con Daniel y nos presentó a la gente que le había acompañado. Todos me parecieron muy simpáticos, excepto uno de ellos, precisamente el que más arremetió contra Daniel. Intentó durante todo el debate picarle y sacarle de quicio para que perdiese las formas. Le interrumpía, no le dejaba acabar de hacer su exposición, se burlaba. Pero Daniel se mantuvo impertérrito durante todo el tiempo; y cada vez que el otro le cortaba la palabra, se quedaba callado, sin entrar al trapo, limitándose a mirar al moderador, como queriendo decirle que a él le tocaba cumplir con su deber.
Cuando ya estábamos camino de la casa de Elia, donde nos quedábamos, Diego me reprochó que se notase mucho lo que pensaba de este señor; y me eché a reír.
-Pues si, tengo que decir que aunque le di la mano, me hubiese gustado sacarme el zapato y arrearle en la cabeza. Por borrico.
-No se puede ser tan vehemente, hermanita. Menos mal que no eras tu quien debatía.
- Yo le hubiese dicho unos cuantos disparates a la primera de cambio. Pero Daniel, como ya demostró con Úrsula, tiene más paciencia que yo.
El aludido se echó a reír.
-A éste le conozco desde hace tiempo; no es la primera vez que tenemos encontronazos y se perfectamente cómo funciona su mente. Al ver que no le entré al trapo se fue enfureciendo por momentos y acabó quitándose la careta, y todos le vimos como realmente es.
-Un asalariado del poder-resumió Carlos, que había estado callado todo el rato.
-Suegro, deberías haberte dedicado a la política-le dije, achuchándole. ¿Nunca te he dicho que te adoro?
-Si, pero puedes repetirlo, me encanta oírlo.




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